
Por Uriel Naum Avila
Alejandro Uribe Valle, Gerente de Asuntos Corporativos de John Deere, ha dedicado más de una década a fortalecer la presencia de la empresa en México y a impulsar su transición hacia un modelo de innovación sostenible.
En entrevista, aborda cómo la compañía se adapta a los cambios regulatorios, la digitalización del agro, la electrificación de sus equipos y el reto demográfico que enfrenta el campo mexicano. Su visión conecta tradición y futuro: desde el legado de un arado autolimpeable en 1837 hasta el desarrollo de tractores autónomos y soluciones de conectividad para pequeños productores.
—¿Cómo calificarías el cambio de visión en sostenibilidad del nuevo gobierno en México y su impacto en el negocio de John Deere?
Qué bueno que el tema del medio ambiente y el largo plazo sea central en las políticas públicas. Nosotros lo seguimos de cerca, tanto en manufactura como en operación, porque muchos recursos son no renovables. El agua, por ejemplo, es un tema polémico, pero esencial para garantizar la producción de alimentos con el menor impacto posible. Ahí entra la ventaja tecnológica de John Deere.
—¿Cuál es la visión de la empresa en materia de sostenibilidad y tecnología? Desde nuestra fundación en 1837, la innovación ha sido parte de nuestro ADN. Hoy hablamos de máquinas que consumen menos combustible, reducen químicos y utilizan cámaras para detectar plagas con precisión. Nuestra visión es clara: ser una empresa tecnológica que acerque soluciones sostenibles al productor.
Alejandro Uribe Valle, Gerente de Asuntos Corporativos de John Deere, considera que los tractores autónomos transformarán el agro en el futuro.
—¿Qué proyectos están impulsando junto con los productores para fomentar la sostenibilidad?
Operamos por regiones y trabajamos en biocombustibles, en tractores adaptados a pequeña escala y en configuraciones específicas para distintos cultivos. Nuestra planta en Saltillo, por ejemplo, ofrece más de 140 configuraciones de una máquina, lo que nos da gran versatilidad para atender necesidades diversas.
—La digitalización está transformando todas las industrias. ¿Cómo la están integrando en el agro?
Estamos en la era del Big Data y el Internet de las Cosas. Nuestros equipos cuentan con telemetría y comunicación remota. Los productores pueden ver en tiempo real qué ocurre con sus máquinas desde la palma de su mano. Democratizar el acceso a la tecnología es clave para nosotros.
—¿Les preocupa la falta de relevo generacional en el campo mexicano?
Sí, es un tema relevante. La edad promedio de los productores supera los 65 años y muchas tierras están feminizadas, con dueñas mayores. Sin embargo, vemos una transición: parcelas que se agregan y nuevas generaciones que piensan en el agro desde un enfoque “smart”.
—¿Qué mecanismos existen para que los productores accedan a esta tecnología?
El reto es hacer más ligeros los modelos de manufactura y acercar la tecnología al productor. Hemos participado en programas de apoyo crediticio y seguimos adaptándonos a nuevas realidades. Queremos que nuestra oferta sea percibida como alcanzable, no aspiracional.
—¿Qué aprendizajes dejó 2025 y cuáles son los retos para 2026?
La incertidumbre es nuestra amiga: nos invita a ser creativos. El reto está en navegar democracias más proteccionistas y mercados cambiantes. Pero siempre habrá necesidad de alimentos y nuevas dietas. Nuestra prioridad es ofrecer soluciones rápidas, eficientes y sostenibles.
—¿Cuál es la prioridad estratégica de John Deere para 2026?
Avanzar hacia motores de cero emisiones, electrificación de equipos de construcción y el desarrollo de tractores autónomos. Queremos que incluso el pequeño productor tenga acceso a conectividad y dignidad tecnológica.
—¿Cómo se percibe la cultura corporativa de John Deere en México para hacer frente a este año que inicia?
Somos vistos como una empresa limpia y disciplinada. Excolaboradores destacan la formación que recibieron aquí, comparable incluso con la de las fuerzas armadas. Para nosotros, la integridad es un fin en sí mismo.