Familia y trabajo : ¿irreconciliables?
*Por Roberto Martínez, director global iniciativa efr
Parece una ecuación, a todas luces, imposible de resolver, ¿verdad? Un mal endémico de las sociedades modernas, y México no es la excepción.
Seguimos teniendo que elegir. Sustituimos la conjunción copulativa “y” por la disyuntiva “o”: o familia o trabajo; no hay más. Una realidad especialmente relevante para las mujeres, porque para los varones la situación continúa siendo distinta.
La tasa de fecundidad en México, medida en hijos por mujer en edad fértil, sigue cayendo en picado hasta los actuales 1,8 hijos por mujer. No hace tanto, en la década de los 60, era de 6,7. ¡Casi cuatro veces más!
Si la tasa de reemplazo se sitúa en 2,1 hijos por mujer, México ha comenzado ya a perder población y talento. Y sabemos quién está ganando hoy en la disyuntiva entre familia y trabajo. Aun así, el país sigue lejos de la situación española, verdaderamente dramática, con una tasa de entre 1,1 y 1,2 hijos por mujer.
El tamaño medio de los hogares mexicanos se sitúa entre 3,4 y 3,5 personas. Simplificando, el prototipo predominante es el de dos cónyuges y uno —o, como máximo, dos— hijos. Una estructura que se ha reducido de manera considerable en las últimas décadas.
¿Es posible construir una sociedad en la que todos y todas podamos trabajar sin renunciar a la maternidad o paternidad, a la amistad, a las aficiones, al ocio, al disfrute o incluso al voluntariado? ¿Es, acaso, una utopía?
Aunque esta ecuación parece de difícil resolución, existen países y regiones que han avanzado significativamente en esta materia. Los países nórdicos y buena parte de Europa central —donde nació el concepto de conciliación de la vida personal, familiar y laboral, o work-life balance— han desarrollado modelos que hoy se proyectan como referencia para el resto del mundo.
La pregunta, entonces, no es si es posible. La pregunta es si estamos dispuestos —como sociedad y como organizaciones— a asumir el costo de no hacerlo.
Es cierto que hablamos de países con un alto PIB per cápita, con clases medias consolidadas y bajos niveles de pobreza. Pero no siempre fue así, ¿verdad? Algo tuvieron que hacer bien.
México, ¿comenzamos a conciliar? ¿O seguimos esperando?
La sociedad mexicana merece —y necesita— que demos ese paso ahora.
