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CARLOS BONILLA
Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM y Maestro en Relaciones Públicas por el CADEC. Preside el Consejo Consultivo de la Red Mundial de Comunicación Organizacional
Es bien sabido que la deuda pública es uno de los indicadores más importantes para evaluar la salud económica de un país y su capacidad para responder ante crisis o financiar desarrollo.
La deuda pública por habitante en México se duplicó en términos nominales en una década. En noviembre pasado alcanzó 137 mil 475.8 pesos por persona, prácticamente el doble de los 68 mil 489.3 pesos reportados en el mismo mes de 2015, de acuerdo con estimados del Consejo Nacional de Población y el más reciente Informe de Finanzas Públicas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Los efectos de las tasas de interés en el encarecimiento del crédito y la contratación de nuevas obligaciones, en parte para amortizar financiamiento pasado, han llevado a que la medida más amplia de la deuda pública en México alcance 18 billones 261 mil 439.1 millones de pesos, según Hacienda.
Esta cifra refleja la mayor de deuda pública desde que hay registro. En comparación con noviembre de 2024, las obligaciones crediticias del gobierno federal aumentaron en un billón 230 mil 246 millones de pesos, prácticamente 3 mil 370.5 millones de pesos por día.
En términos reales (descontado el efecto de la inflación), el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (SHRFSP) –la medida más amplia de la deuda– avanzó a tasa anual 3.3 por ciento, impulsada por el aumento de 37.9 por ciento en las obligaciones contratadas en pesos para apoyar a las empresas públicas, en particular a Petróleos Mexicanos.
Para este año, México proyecta una deuda pública equivalente a alrededor del 52.3% de su Producto Interno Bruto (PIB), marcando niveles históricamente altos para el país. Esta proporción representa un aumento en comparación con años previos, donde el endeudamiento se encontraba cerca de la mitad de la economía nacional y ha venido creciendo debido a las necesidades de financiamiento del gasto público frente a ingresos que no han crecido al mismo ritmo.
Este nivel de endeudamiento se ha visto impulsado por varios factores, cómo déficit fiscales recurrentes, gasto social elevado, inversiones en infraestructura, amortización de pasivos y, en algunos casos, una recaudación tributaria que no ha crecido lo suficiente para cubrir el aumento del gasto.
Aunque el gobierno ha implementado medidas para aumentar la recaudación, como mayor vigilancia fiscal, la necesidad de financiar programas de bienestar y proyectos de obra pública ha llevado al Estado mexicano a depender cada vez más de la emisión de deuda, tanto interna como externa.
En los últimos años se ha observado un crecimiento porcentual significativo en la deuda. Algunos analistas acusan un aumento del 80% en la deuda total en solo seis años (2018-2024) en comparación con el siglo anterior, aunque el gobierno considera la deuda "baja y estable".
Al primer tercio de 2025, la deuda externa creció un 8.1% respecto a abril de 2024, impulsada por el Gobierno Federal y organismos públicos, principalmente por refinanciamiento y mayores costos financieros, según estimaciones del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP).
Los factores que han incidido para el incremento de la deuda pública son:
A pesar de que el gobierno busca contener la deuda, los analistas señalan la necesidad de reformas fiscales más amplias para sostener el nivel de gasto actual sin incrementar el endeudamiento significativamente, advirtiendo sobre posibles niveles máximos históricos.
El crecimiento del monto de la deuda y con ello del costo de financiamiento son temas de debate, con llamados a medidas estructurales para asegurar la sostenibilidad fiscal futura, en opinión de BBVA Research y del CIEP.