Mientras Venezuela vuelve a ocupar un lugar central en la agenda internacional y reaviva interpretaciones sobre posibles “efectos contagio” en otros regímenes cuestionados, las protestas en Irán invitan a una advertencia clave: no todo malestar social responde a impulsos externos ni a alineamientos geopolíticos automáticos. En el caso iraní, la crisis combina factores económicos, políticos y sociales de larga data, agravados por el retroceso de su poder regional, pero con una disputa que sigue siendo esencialmente doméstica.
