Estructura arancelaria en Argentina duplica el precio de autos importados sin acuerdos bilaterales

Comprender por qué un automóvil importado puede costar más del doble en Argentina que en su país de origen requiere analizar una arquitectura fiscal que va mucho más allá de un simple arancel. Según un análisis publicado por Entorno, la llegada de nuevos modelos de SUV importados desde Japón evidenció con claridad este fenómeno: un vehículo que en su mercado de origen ronda los USD 32,000 puede superar los USD 70,000 en el mercado argentino, un incremento del 120% que no se explica únicamente por el arancel base del 35%. El Acuerdo de Complementación Económica ACE14, suscrito entre Argentina y Brasil, establece ese arancel del 35% para todos los vehículos provenientes de países fuera del Mercosur. Sin embargo, la carga impositiva total resulta considerablemente mayor debido a la estructura escalonada de tributos nacionales y provinciales que se aplican en cascada sobre el valor ya incrementado por el arancel. A diferencia de lo que ocurre con vehículos originarios de la Unión Europea o Estados Unidos —que cuentan con convenios de reducción arancelaria condicionados a criterios de integración local—, potencias automotrices como Japón, Corea del Sur, Tailandia, Sudáfrica y China no tienen acuerdos bilaterales vigentes con Argentina ni con el bloque regional. Existe un cupo anual de 50,000 unidades híbridas y eléctricas exentas de arancel, pero el 80% de esa cuota es absorbida por vehículos de origen chino, lo que limita el beneficio para otros mercados. Una comparación entre mercados ilustra el impacto concreto de estas asimetrías regulatorias. El Toyota RAV4 híbrido se comercializa en Japón a aproximadamente USD 32,000 y en Estados Unidos a USD 43,300; en Chile, donde no existen aranceles de importación, su precio es de USD 47,750, mientras que en Argentina asciende a USD 70,200. El Hyundai Santa Fe, producido en Corea del Sur, sigue un patrón similar: USD 35,000 en origen, USD 52,800 en Chile y USD 70,900 en Argentina, un alza del 102%. Para los estrategas del sector automotriz y los tomadores de decisiones en política comercial, estas cifras señalan una tensión estructural entre la protección de la industria local y la competitividad del mercado interno, un debate que cobrará mayor relevancia conforme avancen las negociaciones de libre comercio entre el Mercosur y terceros bloques económicos.
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