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Economia

Consumo de agua en México creció 16% en una década: el campo concentra tres cuartas partes

El análisis de huella hídrica evidencia que el 87% del consumo de agua en México está vinculado al sector agroalimentario, mientras la dependencia del agua virtual importada redefine el riesgo hídrico corporativo

Redaccion E30·22/6/2026
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Consumo de agua en México creció 16% en una década: el campo concentra tres cuartas partes

Datos del análisis sobre la Huella Hídrica en México revelan que el consumo total de agua en el país creció 16.4% entre 2012 y 2024, impulsado por el crecimiento poblacional, la expansión económica y la intensificación de la producción agropecuaria. Lejos de ser un problema exclusivo de los hogares, la presión sobre este recurso tiene su epicentro en el campo: la agricultura concentra el 75.5% de la huella hídrica nacional, con cultivos como el maíz —responsable del 21% del total—, la caña de azúcar, el sorgo, el café y el frijol como los principales demandantes.

Para los estrategas corporativos y tomadores de decisión, el concepto de huella hídrica amplía radicalmente el perímetro del riesgo hídrico. El agua no solo está en juego cuando se abre un grifo: producir una hamburguesa de 200 gramos requiere aproximadamente 2,000 litros; una camiseta de algodón, cerca de 2,500. El 87% de la huella hídrica del consumo en México proviene del sector agroalimentario, lo que convierte las decisiones de abastecimiento, proveeduría y diseño de producto en decisiones con impacto hídrico directo. Este enfoque es consistente con los marcos de reporte ESG que organismos como el World Resources Institute y el CDP han comenzado a exigir a empresas con operaciones en zonas de estrés hídrico.

Un hallazgo estructural del análisis es la creciente dependencia de México del agua virtual: el país importa anualmente 113,512 hectómetros cúbicos de agua incorporada en bienes y alimentos producidos en el extranjero, una cifra equivalente a 2.8 veces el volumen que exporta. Estados Unidos representa el 81% de esas importaciones, lo que expone la vulnerabilidad de las cadenas de suministro mexicanas ante escenarios de estrés hídrico transfronterizo. Para los líderes empresariales, esto implica que la gestión del riesgo hídrico ya no puede limitarse al territorio nacional: cada decisión de compra internacional incorpora, de forma invisible, agua de cuencas que México no controla ni puede regular.

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