Peso colombiano se aprecia tras definición electoral: señales de estabilidad cambiaria con riesgos latentes
El peso acumula una apreciación del 8% desde la primera vuelta presidencial, con volatilidad en mínimos anuales, aunque factores externos como el mercado energético y el clima mantienen el escenario bajo vigilancia

Tras la victoria electoral de Abelardo de la Espriella en primera vuelta, el peso colombiano ha acumulado una apreciación cercana al 8%, con la tasa de cambio rondando los $3,400. Este movimiento refleja no solo el ajuste político inmediato, sino también una reconfiguración de expectativas entre inversionistas institucionales que monitorean de cerca la agenda económica del nuevo gobierno. Según datos registrados por Entorno el 23 de junio de 2026, el dólar cerró con un promedio de $3,426.16, apenas $20.02 por encima de la Tasa Representativa del Mercado (TRM) de $3,406.14, con un volumen transado superior a USD 1,585 millones.
La estabilidad cambiaria no es un fenómeno aislado. Analistas del Banco de Occidente identifican tres vectores que sostienen el tipo de cambio en niveles moderados: el interés renovado de capitales extranjeros en mercados emergentes, precios internacionales del petróleo relativamente sostenidos y un flujo sólido de remesas. La volatilidad actual del mercado se ubica en 8.42%, significativamente por debajo del umbral de referencia del 13.29%, lo que técnicamente confirma un ciclo de menor turbulencia. En términos interanuales, sin embargo, el dólar acumula una variación del 13.03%, recordatorio de que la calma reciente contrasta con un año de presiones estructurales.
David Cubides, economista jefe del Banco de Occidente, advierte que los ajustes cambiarios post-electorales son transitorios por naturaleza: la fortaleza institucional y la coherencia de la política económica determinarán si la apreciación del peso se consolida o revierte. Para el sector empresarial, una tasa de cambio más baja opera como amortiguador inflacionario al reducir el costo de importación de insumos estratégicos. No obstante, dos riesgos externos merecen atención directiva: las negociaciones entre Estados Unidos e Irán generan incertidumbre en los mercados energéticos, y la posible intensificación del fenómeno de El Niño podría presionar la infraestructura productiva y el abastecimiento interno, variables que históricamente han amplificado la volatilidad cambiaria en economías dependientes de commodities.

