Más nacimientos, más gasto: por qué la natalidad no resuelve la crisis fiscal del envejecimiento
Un análisis sobre transferencias intergeneracionales demuestra que incentivar los nacimientos agravaría el déficit público antes de generar cualquier beneficio fiscal, mientras el sistema de pensiones acumula una brecha estructural insostenible

Aumentar la natalidad como respuesta al envejecimiento poblacional es una intuición políticamente atractiva, pero los datos apuntan en dirección contraria. Un análisis reciente sobre transferencias intergeneracionales y reto demográfico, basado en las Cuentas Nacionales de Transferencia, concluye que un incremento en los nacimientos no generaría ingresos adicionales al sistema fiscal hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XXI. Antes de ese horizonte, el efecto inmediato sería un aumento de la población infantil dependiente, con mayor presión sobre educación, salud pediátrica y ayudas familiares, agravando el déficit público en el corto y mediano plazo.
Los números estructurales del sistema revelan una descompensación severa. En 2024, los impuestos analizados no alcanzan a cubrir el gasto asignable por edad, generando un déficit de 30,213 millones de euros. A lo largo de su ciclo de vida, un ciudadano promedio recibe del sector público cerca de 140,000 euros más de lo que aporta, una brecha que refleja un diseño institucional construido para un perfil demográfico que ya no existe. El investigador Enrique Devesa advierte que las pensiones que reciben los jubilados en España superan en un 60% lo que han cotizado a la Seguridad Social, mientras que la rentabilidad implícita garantizada por el sistema —2.61% anual— duplica el ritmo real de crecimiento de los ingresos, que apenas alcanza el 1.4%.
De cara a 2050, el panorama fiscal es adverso bajo cualquier escenario demográfico. Sin reformas estructurales, el déficit fiscal asignable por edad podría escalar entre 6.7% y 9.1% del PIB, impulsado por el avance de las cohortes del baby boom hacia las edades de mayor dependencia estatal y por la insuficiente incorporación de trabajadores activos. La migración aparece como un amortiguador parcial: un escenario migratorio moderado podría reducir el déficit en 1.7 puntos del PIB, aunque los expertos coinciden en que se trata de un alivio temporal, no de una solución sistémica. Para los estrategas de política pública y los líderes corporativos que planifican a una década, el mensaje es claro: la sostenibilidad fiscal del envejecimiento exige reformar las reglas del sistema de jubilaciones, no solo gestionar los flujos demográficos.


