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Devaluación acelerada en economías con reservas agotadas: el caso de la flexibilización cambiaria

Cómo el abandono de tipos de cambio fijos redefine la estabilidad macroeconómica en mercados emergentes

Transiciones de tipos de cambio fijo a regímenes flexibles generan volatilidad inmediata en mercados emergentes, particularmente cuando las reservas internacionales se encuentran deprimidas. En Bolivia, la implementación de una política cambiaria basada en oferta y demanda ha producido una revaluación del 10% en dos semanas, elevando la cotización de 9,73

Redaccion E30·15/7/2026
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Devaluación acelerada en economías con reservas agotadas: el caso de la flexibilización cambiaria

Transiciones de tipos de cambio fijo a regímenes flexibles generan volatilidad inmediata en mercados emergentes, particularmente cuando las reservas internacionales se encuentran deprimidas. En Bolivia, la implementación de una política cambiaria basada en oferta y demanda ha producido una revaluación del 10% en dos semanas, elevando la cotización de 9,73 a 10,70 bolivianos por dólar tras 15 años de paridad fija.

Esta transformación responde a un colapso estructural de las reservas internacionales, agravado por la contracción de ingresos en hidrocarburos, sector que históricamente representaba el 40-50% de las exportaciones bolivianas. Desde 2023, el país enfrentó una escasez aguda de divisas que generó un mercado paralelo donde el dólar alcanzó cotizaciones de hasta 20 bolivianos en mayo de 2024, casi tres veces el valor oficial. El régimen de tipo de cambio fijo implementado en 2011 —diseñado para "bolivianizar" la economía y controlar la inflación— se volvió insostenible cuando las presiones de demanda de divisas superaron la capacidad de oferta del banco central.

La flexibilización cambiaria forma parte de un paquete de ajuste macroeconómico más amplio, alineado con recomendaciones de instituciones multilaterales. El Fondo Monetario Internacional había señalado que la paridad fija era "insostenible" y recomendó su reemplazo por un esquema de mayor flexibilidad, condición para acceder a un programa de financiamiento de aproximadamente 2,500 millones de dólares. Este patrón refleja una tendencia global: entre 2020 y 2024, más de 12 economías emergentes han abandonado regímenes cambiarios fijos o muy rígidos, enfrentando volatilidad inicial pero ganando capacidad de ajuste automático.

Sin embargo, la transición genera presiones inflacionarias inmediatas. Bolivia registró inflación del 20% en 2025, parcialmente atribuida a la restricción de importaciones causada por la escasez de dólares. El sistema financiero ha limitado progresivamente las transacciones en divisas extranjeras, restringiendo retiros de ahorros y reduciendo límites de uso en tarjetas internacionales a menos de 100 dólares mensuales. Estas fricciones sugieren que la volatilidad cambiaria no es únicamente un ajuste de precios, sino un síntoma de desajustes más profundos en la estructura de ingresos y gasto externo.

Desde la adopción de la nueva política el 29 de junio, el Banco Central publica diariamente la cotización que regirá al día siguiente, intentando proporcionar previsibilidad en un contexto de incertidumbre. Analistas advierten que la estabilización dependerá de tres factores: recuperación de ingresos de exportaciones (particularmente hidrocarburos), acceso a financiamiento externo que refuerce reservas, y coordinación de políticas fiscales y monetarias para contener presiones inflacionarias. Sin estos respaldos, el ajuste cambiario podría profundizar ciclos de contracción económica en sectores dependientes de importaciones, replicando patrones observados en crisis cambiarias previas en Argentina, Perú y Ecuador.

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