Efectivo vs. pagos digitales: por qué México rezaga en transiciones financieras
A pesar de iniciativas gubernamentales, ocho de cada diez transacciones mexicanas aún se realizan en efectivo
Ocho de cada diez transacciones en México se realizan con billetes y monedas, una cifra que contrasta significativamente con Brasil (cuatro de cada diez) y Estados Unidos (tres de cada diez). Este patrón de consumo evidencia la persistencia de modelos tradicionales y una falta de confianza generalizada en la banca…

Ocho de cada diez transacciones en México se realizan con billetes y monedas, una cifra que contrasta significativamente con Brasil (cuatro de cada diez) y Estados Unidos (tres de cada diez). Este patrón de consumo evidencia la persistencia de modelos tradicionales y una falta de confianza generalizada en la banca virtual, a pesar de los esfuerzos por fomentar el uso de aplicaciones de pago y sistemas digitales.
La preferencia por el efectivo tiene raíces históricas, sociales y culturares profundas. La escasa confianza en bancos y tarjetas dificulta que el país transite hacia una sociedad sin billetes y monedas en el corto o mediano plazo. Este fenómeno puede atribuirse a la desinformación y la desconfianza que complican la aceptación de mecanismos digitales, además de factores como el temor a la supervisión estatal y la falta de información sobre nuevas tecnologías. El flujo de dinero fuera del sistema formal favorece la evasión de controles y obstaculiza la implementación plena de mecanismos electrónicos.
El gobierno federal y el Banco de México han promovido plataformas como el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) y el Cobro Digital (CoDi) con el objetivo de modernizar las transacciones y fomentar una economía digital. Sin embargo, la adopción de estas herramientas sigue siendo limitada. En un contexto global caracterizado por la aceleración de la digitalización y la aparición de procesos avanzados como la tokenización —que transforma activos físicos o monetarios en representaciones digitales—, México continúa rezagado en esta transición.
La tokenización representa una de las etapas más avanzadas de la digitalización financiera, permitiendo convertir títulos de propiedad, inversiones y otros activos en objetos virtuales que facilitan la trazabilidad y agilizan las operaciones mediante transferencias casi instantáneas sin intermediarios. Este mecanismo también democratiza el acceso a oportunidades de inversión al permitir fraccionar activos que antes eran inaccesibles para muchos. Sin embargo, conlleva riesgos significativos: usuarios sin experiencia en mercados inmobiliarios o financieros pueden verse perjudicados al invertir en proyectos sin regulación adecuada, y la digitalización expone a los usuarios a ciberataques, ya que la información personal se convierte en un activo vulnerable.
Antes de avanzar hacia mecanismos como la tokenización, es fundamental fortalecer la regulación y supervisión por parte del Banco de México para garantizar que estos procesos se desarrollen de manera segura y efectiva. La brecha digital en México no es únicamente un problema tecnológico, sino una cuestión de confianza institucional que requiere estrategias de educación financiera, transparencia regulatoria y construcción de infraestructura robusta que proteja a los usuarios.


