Acceso al primer empleo formal representa un desafío estructural en Perú, donde conviven dos narrativas contradictorias sobre las barreras de entrada al mercado laboral. Un estudio reciente revela que el 70.2% de los jóvenes considera contradictorio que se les exija experiencia previa para acceder a su primera oportunidad laboral, una percepción que también comparten el 68.3% de los empleadores. Sin embargo, esta aparente convergencia oculta una brecha profunda en la valoración de competencias: mientras los jóvenes identifican como principales obstáculos el bajo salario ofrecido (22%) y la escasez de vacantes de calidad (21.9%), los empresarios destacan la falta de habilidades blandas (16.2%), el bajo compromiso (17.4%) y la amplia oferta de empleos informales (15.5%).

La falta de experiencia laboral se ha consolidado como la barrera más visible: el 47.7% de los empleadores y el 30.7% de los jóvenes la identifican como la principal dificultad de acceso. No obstante, detrás de esta cifra subyace un problema más profundo de percepción sobre madurez y responsabilidad. El 65.8% de los empleadores señala la falta de madurez o compromiso como una de las principales dificultades al incorporar talento joven, mientras que los jóvenes tienden a subestimar estas debilidades. Los empleadores identifican como principales carencias la falta de responsabilidad (46.5%), el déficit en pensamiento crítico (40.6%) y la inseguridad (35.5%), aspectos que revelan una desconexión entre la autopercepción del talento emergente y la evaluación empresarial.

La rotación laboral evidencia las tensiones subyacentes en esta relación. Aunque la mitad de las empresas reporta una rotación inferior al 10% anual, un 3.2% experimenta rotación superior al 50%. Las causas más comunes de renuncia entre jóvenes incluyen la búsqueda de mejores oportunidades, condiciones poco flexibles y la falta de crecimiento profesional, patrones que sugieren expectativas de desarrollo acelerado que el mercado formal no siempre satisface. A pesar de estos desafíos, el 92.9% de las empresas formales ha contratado jóvenes de entre 18 y 25 años en el último año, indicando una apertura hacia la inclusión de este grupo.

La calidad del empleo juvenil permanece como una preocupación estructural. Solo el 42.3% de los jóvenes encuestados contaba con empleo formal al momento del estudio, mientras que el 37.6% estaba desempleado pero en búsqueda activa y un 20.2% permanecía fuera del mercado laboral. La informalidad sigue siendo predominante, con un 74.9% de los jóvenes trabajando fuera del circuito formal, lo que les impide acceder a beneficios y seguro social. Los ingresos promedio de los jóvenes en Lima alcanzan S/ 1,135, en comparación con S/ 1,598 en la población general, reflejando una brecha salarial de aproximadamente 29%.

Tanto empleadores como jóvenes coinciden en que la capacitación y los programas de prácticas son esenciales para mejorar el acceso al primer empleo: el 83.2% de los empleadores y el 90.1% de los jóvenes consideran la formación fundamental. Ambos grupos también reconocen que el dominio de la tecnología es una fortaleza, siendo el 58.1% de los empleadores y el 48.4% de los jóvenes quienes destacan su manejo de herramientas digitales. Esta coincidencia en la valoración de competencias técnicas contrasta con la divergencia en habilidades blandas, sugiriendo que la brecha no es tanto sobre capacidades duras sino sobre expectativas de madurez, responsabilidad y compromiso organizacional. La mayoría de ambos grupos reconoce que las empresas tienen un rol fundamental para mejorar el panorama laboral juvenil, aunque difieren en su grado de optimismo sobre cómo cerrar esta distancia en los próximos años.