Fabricantes de turbinas de gas enfrentan un desajuste crítico entre pedidos récord y capacidad de producción limitada. Los principales proveedores globales reportan cifras que revelan la magnitud del desafío: GE Vernova acumula 116 GW en pedidos (53 GW firmes y 63 GW en reservas), Siemens Energy mantiene 69 GW en pedidos firmes, y Mitsubishi Heavy Industries registra 35 GW, con entregas proyectadas entre 2028 y 2030.
La demanda de energía para centros de datos crece a ritmo acelerado. Según análisis de Goldman Sachs, la demanda de energía de centros de datos en Estados Unidos pasará de 31 GW en 2025 a 66 GW en 2027, con proyecciones de 36.3 GW adicionales requeridos solo para satisfacer el crecimiento de inteligencia artificial. Este volumen supera la capacidad anual de toda la industria de turbinas de gas, estimada entre 60 y 70 GW anuales. En el segundo trimestre, los pedidos globales alcanzaron un récord de 38 GW (71% más que el año anterior), con Estados Unidos concentrando aproximadamente la mitad de esa demanda.
Capacidad de producción insuficiente genera tiempos de entrega que se extienden más allá de tres años. GE Vernova proyecta una producción anualizada de aproximadamente 20 GW, con objetivo de alcanzar 30 GW para 2030, pero actualmente no puede cumplir pedidos de turbinas de alta potencia antes de 2031. Este desfase entre demanda y oferta plantea restricciones operativas significativas para los planes de expansión de infraestructura de inteligencia artificial, que frecuentemente no consideran estos tiempos de entrega en sus proyecciones de implementación.
La industria enfrenta una paradoja: mientras los pedidos alcanzan máximos históricos, la capacidad de fabricación mundial se estima entre 60 y 70 GW anuales, generando un déficit de aproximadamente 110 GW en pedidos pendientes. Este desajuste estructural sugiere que la disponibilidad de energía, más que la tecnología de inteligencia artificial, se convertirá en el factor limitante para la expansión de centros de datos en los próximos años. Los fabricantes adoptan enfoques selectivos respecto a nuevos proyectos, priorizando entregas a servicios públicos que buscan reemplazar capacidad de carbón, lo que añade complejidad a la asignación de recursos escasos.



