Volatilidad en el mercado cambiario colombiano alcanzó 14.25%, superando el nivel de referencia de 13.56%, evidenciando un periodo de inestabilidad que refleja presiones estructurales sobre el peso. Esta dinámica responde a múltiples factores: la debilidad global del dólar estadounidense, la incertidumbre fiscal derivada del recorte en la calificación soberana de Colombia y la volatilidad en la política comercial internacional. En el corto plazo, estos elementos generan presiones alcistas sobre la tasa de cambio, a pesar de factores estabilizadores como el flujo sostenido de remesas hacia el país.

Análisis de proyecciones para 2026 sugieren que el dólar podría promediar 3,878 pesos colombianos, en un escenario donde el peso colombiano continúe apreciándose. Esta estimación se sustenta en el comportamiento observado durante 2025, cuando la divisa nacional se apreció 14% frente al dólar, principalmente por la pérdida de valor global de la moneda estadounidense. El índice DXY (que mide la fortaleza del dólar frente a otras divisas) registró una caída del 9%, reflejando una reconfiguración de las dinámicas cambiarias globales. Sin embargo, la Reserva Federal de Estados Unidos mantiene tasas en el rango de 3.50%-3.75%, mientras que el Banco de la República de Colombia sostiene su tasa de referencia en 9.25%, generando un diferencial que podría intensificar estrategias de carry trade y presionar nuevamente sobre el peso.

Riesgos geopolíticos y fiscales amenazan la estabilidad proyectada. Incertidumbre derivada de procesos electorales internacionales, combinada con desafíos fiscales locales, podría generar volatilidad adicional en los próximos trimestres. Analistas advierten que cualquier deterioro en la percepción de riesgo soberano de Colombia podría revertir las ganancias de apreciación del peso, particularmente si se intensifican presiones sobre las tasas de interés locales o si emergen choques externos en los mercados financieros globales. Instituciones de política monetaria continúan monitoreando estas dinámicas para calibrar respuestas que equilibren estabilidad cambiaria con objetivos de control inflacionario.