Resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) 2025 colocan a Costa Rica en una posición crítica frente a los estándares de la OCDE: solo el 30% del estudiantado alcanzó el nivel básico en Matemáticas, contra un promedio del 65% entre los países miembros de la organización. En Lectura, el 53% llegó al umbral mínimo frente al 69% de la OCDE, y en Ciencias el 56% frente al 74%. Las puntuaciones absolutas —424 en Ciencias, 416 en Lectura y 387 en Matemáticas— muestran una estabilidad que, lejos de ser alentadora, evidencia el estancamiento de un sistema que no logra cerrar brechas estructurales.
El Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE) de la Universidad Nacional advierte que estos indicadores no deben interpretarse como argumento para reducir el presupuesto educativo, sino como evidencia de la necesidad de fortalecer la inversión en áreas críticas. Según el propio informe de PISA, el 68% de los estudiantes evaluados asiste a instituciones donde la escasez de materiales obstaculiza la enseñanza; el 64% estudia en centros con deficiencias de infraestructura; el 55% enfrenta escasez de personal docente y el 52% carece de suficiente personal de apoyo. Estos factores sistémicos explican, en buena medida, por qué siete de cada diez estudiantes costarricenses no alcanzan el nivel básico en Matemáticas. Para los líderes empresariales y los tomadores de decisiones de política pública, la lectura estratégica es clara: las habilidades que muestra hoy la fuerza laboral del mañana son el resultado directo de las decisiones de inversión tomadas —o postergadas— en los últimos años.
Desde una perspectiva prospectiva, el impacto de esta brecha educativa no es inmediato, pero sí acumulativo. Organizaciones como McKinsey y el Foro Económico Mundial han documentado que los déficits en competencias matemáticas y científicas a nivel secundario se traducen, una década después, en menor productividad, menor capacidad de adopción tecnológica y mayor dependencia de talento importado en sectores de alto valor agregado. Para Costa Rica —que ha apostado por atraer inversión extranjera en manufactura avanzada, servicios financieros y tecnología—, una generación con brechas profundas en competencias STEM representa un riesgo competitivo concreto. El CIDE subraya que revertir este deterioro será más costoso y complejo cuanto más se postergue la acción: la ventana para intervenir con eficiencia está abierta hoy, no en cinco años. Entorno ha dado seguimiento a este análisis como parte de su cobertura sobre política educativa y desarrollo regional.