Cuarenta años después de su adopción formal en México, el código de barras se mantiene como columna vertebral de la cadena de suministro nacional. En 1986, un grupo de 18 empresas —nueve minoristas y nueve fabricantes— liderado por Henry Davis, entonces director general de Grupo Aurrerá, dio origen a la Asociación Mexicana del Código de Producto (AMECOP), estableciendo las bases para un comercio estandarizado. El primer producto en llevar un código GS1 en México fue el jabón Don Máximo, hito que instauró un lenguaje universal para el comercio formal. Hoy, ese estándar está presente en el 98% de los productos comercializados en cadenas comerciales del país, con más de 13 millones de códigos emitidos a nivel nacional desde 2011.
A escala global, se registran más de 10,000 millones de escaneos diarios —equivalentes a 416 millones por hora—, cifra que ilustra la magnitud operativa del sistema. En México, 34,457 empresas lo utilizan actualmente para identificar mercancías y gestionar inventarios, entre ellas cadenas de retail como Walmart, Soriana, Chedraui y OXXO, marcas de consumo masivo como Coca-Cola, Unilever, Bimbo y PepsiCo, y plataformas de comercio electrónico como Amazon y Mercado Libre. Cada año, alrededor de 3,000 empresas —principalmente micro, pequeñas y medianas— solicitan el servicio a GS1 México, la evolución institucional de aquella iniciativa fundacional. Este flujo constante de incorporación refleja que la formalización del comercio sigue siendo una palanca de crecimiento activa, no un proceso concluido.
Más allá del punto de venta, la relevancia del estándar radica en su capacidad para habilitar procesos críticos: gestión de inventarios en tiempo real, trazabilidad a lo largo de la cadena de suministro y compatibilidad con plataformas de comercio electrónico. En un entorno donde la visibilidad de datos se traduce en ventaja competitiva, contar con un identificador único y reconocido globalmente reduce fricciones operativas y facilita integraciones con sistemas ERP, WMS y marketplaces digitales. Jorge Garcés Domínguez, presidente de GS1 México, señala que el estándar ha evolucionado para funcionar como infraestructura de datos más que como herramienta de cobro. Para organizaciones que gestionan cadenas de suministro complejas, esta distinción tiene implicaciones directas en eficiencia, costos logísticos y capacidad de respuesta al mercado. Cuatro décadas de adopción acumulada posicionan al código de barras no como tecnología heredada, sino como estándar activo sobre el cual se construyen las capas más avanzadas del comercio moderno: desde la trazabilidad alimentaria hasta la integración omnicanal.