Datos recientes del sector minero mexicano revelan una transformación estructural en la captación de capital extranjero: el stock de inversión extranjera directa (IED) alcanzó los 24,849 millones de dólares a principios de 2026, un récord histórico que en apenas dos años duplicó los 12,402 millones de dólares registrados en marzo de 2024. Si se amplía la perspectiva a 2019, la cifra casi se triplica respecto a los 8,361 millones de entonces, y se cuadruplica frente a los aproximadamente 6,000 millones documentados en 2017, cuando inició el registro desagregado por actividad. Según el análisis de Entorno, este comportamiento no responde a un ciclo especulativo, sino a una reconfiguración profunda del apetito inversor global hacia activos mineros de largo plazo en economías con reservas estratégicas.
El desglose por subsector confirma que la explotación de minas y canteras es el principal motor: pasó de poco más de 1,000 millones de dólares en 2017 a más de 13,000 millones en la actualidad. La extracción de minerales metalíferos y los servicios de apoyo a la actividad minera también registraron expansiones significativas. Este patrón es consistente con la dinámica global de precios elevados para metales críticos —cobre, litio, plata y oro—, que han convertido a México en destino prioritario para capitales institucionales que buscan activos inmovilizados en infraestructura de larga duración: minas, maquinaria y plantas industriales. El stock de IED, a diferencia de los flujos trimestrales, captura aportes de casas matrices, utilidades reinvertidas y financiamiento intrafirma, lo que lo convierte en un indicador más robusto de compromiso estructural con el sector.
En términos de flujo trimestral, el primer trimestre de 2026 estableció un nuevo récord con 2,799 millones de dólares, superando en 36% el máximo anterior de 2,055 millones registrado en el segundo trimestre de 2024. El contraste con el período 2017-2021 es elocuente: en esos años, los flujos trimestrales raramente rebasaban los 500 millones de dólares y en algunos periodos fueron negativos. Desde 2023, la mayoría de los trimestres supera esa barrera, y desde 2024 la mayor parte se ubica por encima de los 1,000 millones. Para estrategas e inversores, la señal relevante no es el dato puntual sino la consistencia de la tendencia: México está consolidando una posición como receptor de capital minero de largo aliento en un momento en que la demanda global de minerales críticos para la transición energética no muestra señales de desaceleración.