Frente a la aceleración tecnológica y la creciente desigualdad social, el Papa León XIV convocó a empresarios, líderes sindicales, académicos y organismos internacionales a asumir una "responsabilidad compartida" para que el desarrollo actual no genere, en sus palabras, "nuevas ruinas a su paso". El mensaje fue pronunciado durante una audiencia en el Palacio Apostólico del Vaticano, al cierre del IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti: Diálogo Socio-Ambiental Norte-Sur, celebrado en Roma del 10 al 12 de septiembre.
El encuentro, organizado en colaboración con el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), la Pontificia Comisión para América Latina y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), reunió a una representación inusualmente amplia: centrales obreras, cámaras de empleadores, bancos regionales de desarrollo, universidades y movimientos populares de todo el continente americano. Entre los participantes se encontraban Gerardo Martínez, de la Confederación General del Trabajo (CGT) y miembro del Consejo de Administración de la OIT; Daniel Funes de Rioja, presidente de la Organización Internacional de Empleadores (OIE); y Marta Pujadas, presidenta del Consejo Sindical de Asesoramiento Técnico de la OEA. La delegación argentina también presentó al Sumo Pontífice un informe de diagnóstico sobre el deterioro social y económico del país, que abarca más de 60 páginas.
En su discurso, pronunciado en español e inglés, León XIV planteó que el debate sobre inteligencia artificial y tecnología no debe reducirse a aceptar o rechazar herramientas específicas, sino a definir "qué humanidad queremos construir y qué lugar tendrá cada persona en ella". Desde Entorno, este posicionamiento del Vaticano refuerza una tendencia global que organizaciones como el Foro Económico Mundial y la OCDE han documentado: la necesidad de marcos éticos y de gobernanza que acompañen la adopción tecnológica en el mundo del trabajo. El Papa recuperó además el principio de subsidiariedad como brújula para un desarrollo más equitativo, subrayando que el diálogo social no es una actividad periférica, sino parte central de la misión de construir sociedades más sostenibles y solidarias.