Más del 50% de los sectores productivos enfrenta dificultades serias, mientras la economía opera de forma marcadamente asimétrica: energía, minería y agropecuario concentran el dinamismo, en tanto manufactura y construcción acumulan retrocesos que ya alcanzan niveles comparables a los de la crisis de 2019. Así lo revela el análisis de Entorno sobre los principales indicadores de actividad económica reciente.

El Índice de Producción Industrial (IPI) registra una tendencia a la baja sostenida durante el último año y medio, con caídas generalizadas en todos los subsectores manufactureros respecto al mes anterior. En construcción, pese a una ligera recuperación entre 2024 y 2025, la caída de 4.6% en julio sitúa al sector en el segundo nivel más bajo desde el inicio de la pandemia —por debajo incluso de los registros de octubre de 2021, cuando las restricciones sanitarias aún estaban vigentes. Este comportamiento plantea una pregunta estructural: ¿por qué solo un par de sectores sostienen el crecimiento mientras el resto se contrae?

Tres factores explican el estancamiento. Primero, el consumo interno carece de impulso: los salarios formales —tanto privados como públicos— crecen por debajo de la inflación y no han recuperado los niveles de noviembre de 2023, que ya eran insuficientes. El resultado es un estrés financiero crónico en los hogares, que responden con mayor ahorro precautorio ante la incertidumbre laboral. Segundo, el crédito al sector privado se contrae: tras una breve expansión en 2024, los préstamos se han estancado y se proyecta una caída en 2026, señal de que la morosidad creciente lleva a la banca a recuperar más de lo que coloca. Tercero, la inversión anunciada no se materializa a la velocidad requerida: pese a compromisos de miles de millones de dólares, solo 762 millones han sido efectivamente ejecutados en proyectos específicos hasta marzo de 2026, según los datos más recientes analizados por Entorno. A esto se suma el alza del petróleo por encima de los 100 USD —impulsada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán—, que beneficia al sector energético pero eleva costos de transporte y servicios básicos para el resto de la economía.

Para los estrategas corporativos, el escenario exige replantear supuestos de demanda y liquidez en sus proyecciones de mediano plazo. Una recuperación sostenida requiere que la política salarial, el acceso al crédito y la ejecución de inversión pública converjan con mayor velocidad; de lo contrario, los sectores más vulnerables continuarán absorbiendo el costo de un ciclo de crecimiento que, hasta ahora, beneficia a muy pocos.