Riesgo de recesión en Argentina supera el 80%: señales que los estrategas regionales deben monitorear

Indicadores adelantados de actividad económica en Argentina muestran una probabilidad de recesión del 82% para agosto, según el Índice Líder del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella. Esta cifra representa un incremento marginal respecto al 81% registrado en julio, interrumpiendo una tendencia de moderada mejoría observada en el mes previo. Para los estrategas corporativos con exposición en mercados latinoamericanos, este tipo de indicadores adelantados —que anticipan cambios en el ciclo económico con base en variables financieras y reales— son instrumentos de monitoreo temprano que permiten ajustar posiciones antes de que los datos oficiales confirmen una contracción.

El Índice Líder, que se elabora mensualmente para anticipar la evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), registró en agosto una caída del 0,27% en su versión desestacionalizada, situándose en 122,45 puntos. En términos interanuales, el retroceso acumulado es del 1,05%. La serie tendencia-ciclo —que filtra la volatilidad de corto plazo— también descendió un 0,32% mensual y acumula una caída interanual del 2,28%. Para que se declare formalmente una recesión bajo esta metodología, se requieren seis descensos mensuales consecutivos en dicha serie, equivalentes a dos trimestres de contracción sostenida. Las caídas registradas en mayo y junio aún no satisfacen ese umbral, pero configuran una trayectoria que los modelos de proyección ya están incorporando.

El Índice de Difusión —que mide qué proporción de los componentes del índice muestra mejoras significativas— cayó del 50% en julio al 30% en agosto, lo que significa que solo tres de los diez indicadores analizados registraron variaciones positivas: el agregado monetario M1, el precio FOB de las habas de soja y las ventas de autos a concesionarios. Los siete componentes restantes, entre ellos índices bursátiles, recaudación del IVA en términos reales, despachos de cemento, confianza del consumidor e indicadores de producción industrial, no mostraron señales de recuperación. Para los tomadores de decisiones en México y América Latina, la interconexión de las economías regionales hace que este deterioro no sea un fenómeno aislado: las dinámicas de inversión transfronteriza, los flujos de comercio bilateral y las estrategias de expansión hacia el Cono Sur requieren ser revisadas a la luz de un entorno donde la probabilidad de contracción supera ampliamente el umbral del 50%.