Baja penetración del seguro de vivienda en México: riesgo patrimonial para millones de familias

Apenas el 26% de las viviendas en México cuenta con algún tipo de seguro, lo que equivale a una de cada cuatro casas. Más revelador aún es el origen de esa cobertura: solo el 6.5% de los seguros fueron adquiridos de forma voluntaria por sus propietarios. El grueso de la protección existente está atada a créditos hipotecarios, lo que significa que una porción significativa del parque habitacional nacional quedará desprotegida en cuanto termine de pagarse la deuda. Para estrategas del sector financiero y asegurador, esta brecha representa tanto un riesgo sistémico como una oportunidad de mercado estructural.

México enfrenta una exposición geográfica considerable. Según el Atlas Nacional de Riesgos, el 66% de las entidades del país se encuentra en riesgo alto o muy alto de inundaciones, el 34% está expuesto a sismos, el 31% a sequías y el 25% a afectaciones por ondas de calor. La Ciudad de México ilustra la paradoja: pese a su historial sísmico —con los terremotos de 1985 y 2017 como referentes— solo el 17.4% de sus viviendas están aseguradas. En contraste, estados como Nuevo León (70.2%), Quintana Roo (55.3%) y Coahuila (43.1%) muestran tasas significativamente más altas, mientras que Oaxaca (6.5%), Chiapas (8%) y Guerrero (11.6%) se ubican en el extremo más vulnerable. Esta dispersión geográfica sugiere que la penetración del seguro responde más a la cultura financiera local y a la presencia de infraestructura bancaria que al nivel real de riesgo.

Detrás de los números hay una barrera de percepción difícil de ignorar. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024, el 76.5% de la población entre 18 y 70 años no posee pólizas de ningún tipo. Entre quienes no han contratado un seguro de hogar, el 33.7% afirma que no lo necesita o no le interesa, el 24% señala falta de recursos, el 15.4% los considera demasiado caros y el 12.8% desconoce cómo funcionan o dónde contratarlos. Estos datos apuntan a un déficit combinado de educación financiera y diseño de producto: la industria aseguradora enfrenta el reto de simplificar su oferta y comunicar valor de forma tangible. Los datos de siniestralidad refuerzan el argumento: los incendios representan el 43% de los siniestros reportados en viviendas en los últimos cuatro años, y en el quinquenio previo se pagaron más de 825 millones de pesos por siniestros, siendo el 54% relacionados con riesgos hidrometeorológicos. Una familia asegurada puede restablecer su situación financiera en un plazo de dos a tres años tras un siniestro; sin cobertura, ese proceso puede extenderse hasta una década.