Seguridad privada: uno de los sectores con mayor creación de empleo en México

Datos recientes basados en microdatos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) revelan que el sector de seguridad privada se ha consolidado como uno de los empleadores más dinámicos de México en los últimos siete años. Entre el segundo trimestre de 2019 y el mismo periodo de 2026, el número de personas empleadas en unidades económicas especializadas en investigación, protección y seguridad pasó de 425,726 a 607,541, un incremento acumulado del 42.7%, cifra que contrasta con el crecimiento del 10.0% registrado en la población ocupada nacional durante el mismo lapso. Si se considera a todos los trabajadores que realizan funciones de vigilancia y protección —independientemente del tipo de unidad económica donde laboran—, la cifra total supera el millón de personas en 2026, frente a las 869,000 registradas en 2019, lo que representa un avance del 19% y equivale al 1.72% de la población ocupada del país.

Este crecimiento no ha sido uniforme ni exclusivamente cuantitativo. La composición del empleo en el sector ha experimentado una transformación estructural relevante para los estrategas de recursos humanos y los directivos de operaciones. En 2019, aproximadamente la mitad de los trabajadores del sector pertenecían a unidades económicas especializadas; para 2026, esa proporción ascendió al 59%, señal de una mayor formalización y concentración empresarial. Paralelamente, las funciones distintas a la vigilancia directa —como supervisión, administración, instalación y mantenimiento de equipos tecnológicos y desarrollo de software— casi se duplicaron, pasando a representar alrededor de 137,000 empleos. Este fenómeno coincide con la incorporación acelerada de tecnologías de monitoreo remoto e inteligencia artificial en los modelos operativos del sector. Asimismo, la participación femenina creció del 22% al 27% entre 2019 y 2026, con mayor presencia en roles de supervisión y funciones tecnológicas, lo que apunta hacia una diversificación del perfil laboral del sector.

Hacia adelante, el horizonte regulatorio plantea presiones adicionales que pondrán a prueba la capacidad de adaptación del sector. A partir de 2027 está prevista una reducción escalonada de la jornada laboral hasta alcanzar las 40 horas semanales en 2030, una medida que en una industria de operación continua —24 horas al día, siete días a la semana— implica una reestructuración organizativa profunda y un análisis riguroso de costos. Esto se suma a los ajustes que el sector ya absorbió desde 2019: recuperación del salario mínimo, reformas en subcontratación, nuevas aportaciones patronales para pensiones y ampliación de vacaciones. Según analistas del mercado laboral, la capacidad del sector para sostener su ritmo de generación de empleo dependerá en gran medida de la velocidad con que adopte modelos de gestión basados en tecnología, así como de la claridad del marco regulatorio que acompañe la transición hacia jornadas más cortas. Para los líderes corporativos que evalúan estrategias de tercerización de servicios de seguridad, estos datos ofrecen una señal inequívoca: el sector está madurando, pero la próxima década exigirá inversión en capacitación, automatización y nuevos esquemas de organización del trabajo.