Riesgo país argentino y volatilidad de bonos soberanos ante presión externa

Activos argentinos operan en terreno mixto este martes, con los bonos soberanos registrando un rebote técnico tras once jornadas consecutivas de pérdidas, mientras el índice S&P Merval extiende su racha negativa a ocho sesiones, acumulando una caída del 10% en ese período. El riesgo país, medido por JP Morgan, retrocede 22 unidades básicas hasta situarse en 604 puntos, luego de haber tocado el lunes su nivel más alto del año con 642 puntos. Los Bonos Globales argentinos registran un alza promedio del 0,7%, aunque el indicador de riesgo soberano se mantiene por encima del umbral de los 600 puntos básicos, nivel que los analistas consideran una zona de presión estructural para el acceso al financiamiento externo.

El contexto internacional agrava las condiciones para la deuda emergente en su conjunto. Las tasas de retorno de los bonos del Tesoro estadounidense continúan en ascenso: el bono a diez años rinde 5,26% anual —su nivel más elevado desde 2007— mientras el bono a 30 años alcanza 5,58%, máximo desde 2004. Jerónimo Bardin, responsable de ventas en Balanz, señala que el movimiento de precios responde a una combinación de debilidad local y deterioro del entorno externo. La presión de las tasas de los Treasuries sobre la deuda emergente explica en gran medida la corrección promedio cercana al 5% que han sufrido los soberanos argentinos en las últimas semanas, con mayor impacto en los títulos de mayor plazo, más sensibles a las variaciones de tasas internacionales.

En el plano doméstico, los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de julio revelan una caída del 2,9% mensual desestacionalizado y del 1,4% interanual, señal que refuerza las preocupaciones sobre la trayectoria del ciclo económico. En el mercado de Nueva York, los ADR de empresas argentinas muestran resultados divergentes: los papeles bancarios recuperan cerca del 1%, mientras que el sector energético opera a la baja. En paralelo, el mercado del crudo opera con caídas cercanas al 2%, presionado por señales de recuperación en las exportaciones desde el Golfo Pérsico —que alcanzaron 12,8 millones de barriles diarios en septiembre, el nivel más alto desde febrero— y por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, que mantienen los precios en niveles elevados pese a la corrección intradía.