Crisis estructural y dolarización: el peso cubano bajo presión sostenida

Dos años consecutivos de contracción del Producto Interno Bruto (PIB) definen el contexto en el que Cuba gestiona su política cambiaria. Entre 2020 y 2024, la economía cubana acumuló una caída del 11%, y en 2024 el PIB retrocedió un 1.1%, consolidando una tendencia que las autoridades reconocen como estructural. En ese marco, el tipo de cambio oficial del dólar frente al peso cubano se mantiene en 24 pesos, con una volatilidad del 0.69%, muy por debajo del umbral de referencia del 2.89%, lo que refleja una estabilidad artificial sostenida por controles administrativos más que por fundamentos de mercado.

Para 2026, el gobierno proyecta un crecimiento del 1%, sustentado principalmente en la recuperación del turismo y los ingresos por exportación de servicios médicos, que siguen siendo la principal fuente de divisas del país. Sin embargo, el déficit fiscal proyectado asciende a 74,500 millones de pesos cubanos —equivalentes a aproximadamente 3,100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas—, una cifra comparable a la del año anterior y que evidencia la persistencia de desequilibrios macroeconómicos profundos. La inflación en el mercado formal se estima en 10% para ese año, cinco puntos porcentuales por debajo del 14.07% registrado al cierre de 2025, aunque sigue siendo elevada para una economía con acceso restringido a bienes básicos.

Desde la unificación monetaria implementada el 1 de enero de 2021 —que eliminó el peso cubano convertible como moneda de curso legal—, el sistema cambiario cubano ha operado bajo una tensión creciente entre el tipo oficial y la realidad del mercado informal, donde el dólar llegó a cotizarse hasta en 100 pesos cubanos en momentos de alta presión. Para los estrategas regionales e inversores con exposición a mercados latinoamericanos, Cuba representa un caso de estudio sobre los límites de la dolarización parcial y la gestión de divisas en economías con acceso restringido al sistema financiero internacional. El gobierno ha señalado que buscará atraer inversión extranjera con mayores garantías, aunque reconoce que el contexto —marcado por escasez de productos básicos, apagones frecuentes y migración acelerada— complejiza cualquier señal de apertura.