México entre las economías de mayor crecimiento del G20: señales y tensiones estructurales

Pocas veces una economía emergente logra superar simultáneamente a China, Canadá y Estados Unidos en ritmo de expansión trimestral. México lo hizo durante el segundo trimestre de 2026, registrando un crecimiento del 1.4% que lo colocó en el segundo lugar entre los países del G20, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Solo India, con un incremento del 1.8%, superó ese desempeño en el bloque. El resultado fue reconocido por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público como una señal de fortaleza macroeconómica dirigida a los mercados internacionales, en un contexto donde la atracción de inversión extranjera directa se ha convertido en variable estratégica para el crecimiento de mediano plazo.

Para los estrategas corporativos e inversores institucionales, este posicionamiento refuerza la narrativa del nearshoring como motor estructural. Economías como Indonesia y Turquía también registraron avances en el periodo, pero la combinación de proximidad geográfica con Estados Unidos, infraestructura manufacturera consolidada y una fuerza laboral competitiva sigue diferenciando a México dentro del G20. Según estimaciones del Banco Mundial, cada punto porcentual de crecimiento sostenido en economías de ingreso medio-alto puede traducirse en reducciones measurables en la tasa de desempleo formal en un horizonte de 18 a 24 meses, lo que añade dimensión social al dato macroeconómico.

Sin embargo, el dinamismo agregado convive con tensiones distributivas que los tomadores de decisión no pueden ignorar. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó un incremento del 5.5% en el costo de la canasta alimentaria urbana durante septiembre de 2026, cifra que supera la inflación general anual de 3.5%. Productos como jitomate, cebolla y limón concentraron buena parte del alza, afectando de forma desproporcionada a los segmentos de menor ingreso. Las Líneas de Pobreza por Ingresos —que incorporan bienes y servicios no alimentarios— también crecieron un 4.4% anual, por encima del índice general. Este diferencial entre crecimiento del PIB y deterioro del poder adquisitivo en la base de la pirámide es, históricamente, uno de los factores que erosiona la sostenibilidad política de los ciclos expansivos. Para las empresas con operaciones en México, entender esta brecha es tan estratégico como celebrar el dato de crecimiento: define mercados, moldea demanda interna y anticipa presiones regulatorias en materia laboral y social.