Corrupción transnacional en contratos energéticos: el modelo que los tribunales ahora persiguen

Tribunales españoles han abierto un proceso judicial que pone bajo escrutinio uno de los esquemas de corrupción transnacional más documentados en el sector energético latinoamericano: el uso de sociedades interpuestas para canalizar pagos millonarios a funcionarios públicos a cambio de la adjudicación de contratos de infraestructura. El caso involucra a la antigua dirección de una empresa española de ingeniería y a exviceministros venezolanos, y se centra en una trama que habría comenzado en 2009 con la construcción de una central termoeléctrica en Venezuela valuada en 1,500 millones de dólares.

Según la Fiscalía Anticorrupción, los acusados habrían transferido más de 105 millones de dólares a través de tres pagos estructurados hacia cuentas vinculadas a funcionarios venezolanos, con el objetivo de asegurar tanto la adjudicación del contrato como los flujos de pago por parte de la administración pública. Este mecanismo —empresa contratista, intermediario político y red de sociedades opacas— es precisamente el patrón que organismos como la OCDE y el Banco Mundial han identificado como el más frecuente en casos de corrupción en infraestructura pública en mercados emergentes. De acuerdo con el informe de Transparencia Internacional de 2023, el sector de construcción e ingeniería concentra el mayor número de casos de soborno transnacional a nivel global.

Para los estrategas corporativos y equipos de cumplimiento, este juicio ofrece señales claras sobre el endurecimiento del entorno regulatorio internacional. La tendencia hacia la persecución extraterritorial de actos de corrupción —impulsada por marcos como la Foreign Corrupt Practices Act en Estados Unidos o el Bribery Act en Reino Unido— se está consolidando también en jurisdicciones europeas. Las empresas que operan en mercados con alta exposición a riesgo de corrupción, particularmente en proyectos de infraestructura energética en Latinoamérica, enfrentan una presión creciente para fortalecer sus sistemas de debida diligencia, auditoría de terceros y trazabilidad de pagos. El costo reputacional y legal de no hacerlo, como ilustra este proceso, puede extenderse por más de una década.