Seguridad energética frente a transición verde: el dilema del gas doméstico
Aprobar nuevos yacimientos de gas doméstico en plena transición energética no es una contradicción: es, para muchos gobiernos, una necesidad estratégica. Así lo ilustra el caso del yacimiento Jackdaw, ubicado a 150 millas al este de Aberdeen, cuya autorización reciente ha reabierto el debate sobre la política energética del Reino Unido. La pregunta de fondo no es si el país seguirá consumiendo petróleo y gas, sino si esos recursos provendrán de fuentes propias o de terceros con intereses divergentes.
Los datos contextualizan la urgencia: en 2025, el petróleo y el gas representaron el 75% de la matriz energética del Reino Unido, y el 43% de su energía total fue importada. La electrificación, presentada como la vía de salida, avanza a un ritmo que no corresponde con las metas climáticas: menos del 2% de los hogares cuenta con bombas de calor, y el 95% del parque vehicular aún opera con combustibles fósiles. Alternativas como el hidrógeno y el biometano tampoco han alcanzado escala industrial suficiente. Según proyecciones del sector, el gas seguirá siendo parte relevante de la matriz energética británica al menos durante la próxima década, lo que convierte la seguridad de suministro en una variable de primer orden para cualquier estrategia de transición realista.
El entorno geopolítico amplifica esta vulnerabilidad. La posible interrupción del oleoducto Langeled —que transporta gas desde Noruega y cubrió el 40% del consumo británico el año pasado— representa un riesgo sistémico de primer nivel. A esto se suman tensiones en el estrecho de Ormuz, amenazas de restricciones a exportaciones de diésel desde Estados Unidos y la reciente cancelación noruega de un cable eléctrico hacia Escocia, señal de que incluso los socios más estables priorizan su demanda interna en momentos de escasez. Para los estrategas corporativos e inversores en infraestructura energética, este escenario subraya una lección que el Foro Económico Mundial ha documentado en múltiples reportes: la seguridad energética y la descarbonización no son objetivos mutuamente excluyentes, pero requieren una gestión de transición explícita y financiada. Jackdaw, que en su pico de producción representará el 6% del gas del Mar del Norte, no resolverá la dependencia estructural, pero sí aportará ingresos fiscales, empleo y volúmenes domésticos conectados a la red nacional, factores que ningún modelo de transición puede ignorar sin asumir costos políticos y económicos significativos.



