Economía mexicana al borde de recesión técnica: señales que los directivos deben atender

Señales de estancamiento se acumulan en la economía mexicana tras registrar un repunte mensual de apenas 0.1% en agosto, cifra que resulta insuficiente para compensar la caída del 2.9% registrada en julio. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestra una contracción interanual del 1.7% en el octavo mes del año, con un avance acumulado de solo 1.2% en lo que va del ejercicio. Este desempeño se sitúa muy por debajo de las expectativas del mercado, que anticipaba un incremento mensual del 1.5% y una disminución interanual más moderada del 0.5%, lo que amplifica la percepción de fragilidad entre analistas e inversionistas.

Análisis sectorial revela una economía que avanza a dos velocidades. Por un lado, sectores como la explotación de minas y canteras crecieron un 11.1% interanual, electricidad, gas y agua aumentó un 4.3%, y hoteles y restaurantes avanzó un 3.1%, contribuyendo en conjunto con 0.6 puntos porcentuales al resultado general. En contraste, diez sectores experimentaron caídas significativas: la pesca retrocedió un 15.7%, la industria manufacturera disminuyó un 3.2%, y el comercio mayorista, minorista y de reparaciones cayó un 3.5%, restando 0.9 puntos porcentuales al indicador. Esta divergencia estructural —donde el crecimiento se concentra en el agro, la minería y la producción petrolera, mientras que el comercio, la industria y la construcción se rezagan— se ha intensificado a lo largo del año y refleja un problema de demanda interna que también se manifiesta en el comportamiento reciente de las importaciones.

Para los estrategas y tomadores de decisiones en el nivel directivo, el riesgo más inmediato es la posibilidad de una recesión técnica en el tercer trimestre. Por definición, esto ocurre cuando el Producto Bruto Interno desestacionalizado presenta descensos durante dos trimestres consecutivos. Con la economía situada un 3.8% por debajo de los niveles de cierre de 2025 y un arrastre estadístico de -1.5%, los modelos de consenso entre economistas sugieren que se requeriría un crecimiento desestacionalizado superior al 8.5% en septiembre para evitar esa contracción. Las proyecciones para ese mes apuntan a una variación mensual levemente positiva, pero sin señales de aceleración significativa, lo que mantiene el riesgo latente y obliga a las organizaciones a diseñar escenarios de baja demanda para el cierre del ejercicio, revisar sus supuestos de ingresos y fortalecer posiciones de liquidez ante un entorno macroeconómico que ofrece pocas certezas a corto plazo.