Sequía histórica expone la vulnerabilidad climática del sector agropecuario dominicano

Septiembre marcó un punto de inflexión para el sector agropecuario de República Dominicana: la actividad registró una contracción interanual del 2.7%, según el Indicador Mensual de Actividad Económica, como consecuencia directa de la sequía más severa en 18 años. El dato aislado contrasta con el crecimiento acumulado del 1.4% registrado entre enero y septiembre, lo que evidencia que el golpe climático fue concentrado y de alta intensidad, no una tendencia estructural de todo el año.

Detrás de la cifra hay una realidad estructural que los estrategas del agronegocio y los tomadores de decisiones en política pública no pueden ignorar: el 73.5% de la superficie sembrada en el país corresponde a cultivos de secano, es decir, sistemas productivos que dependen exclusivamente de las precipitaciones naturales. Esta proporción convierte a la lluvia en la variable más determinante del desempeño sectorial, por encima de insumos, tecnología o mano de obra. El trimestre mayo-julio fue el más seco en casi dos décadas: en julio se registraron apenas 51.9 milímetros de lluvia, aproximadamente la mitad del promedio histórico, y en septiembre los niveles cayeron un 41.1% por debajo de la norma, con solo 91 milímetros acumulados.

Frente a este escenario, el Ministerio de Agricultura ha formalizado un acuerdo de cooperación técnica con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) por un monto de 480,000 dólares, con vigencia hasta abril de 2028. El proyecto apunta a tres ejes críticos: mecanización agrícola, sanidad agropecuaria y capacidad de respuesta ante riesgos climáticos. Para los inversores y consultores de transformación sectorial, esta iniciativa señala una ventana de oportunidad en tecnologías de riego eficiente, agricultura de precisión y sistemas de alerta temprana. El verdadero reto estratégico no es recuperarse de una sequía, sino rediseñar un modelo productivo que hoy depende estructuralmente del clima en un contexto donde la variabilidad meteorológica se intensifica. La seguridad alimentaria de la región no admite postergaciones.