Tensiones arancelarias entre Canadá y EE.UU. amenazan la viabilidad de las pymes

Setenta y siete por ciento de las pequeñas y medianas empresas en Canadá considera esencial que el gobierno federal priorice el alivio financiero vinculado a los aranceles en su próximo presupuesto. Así lo revela una encuesta aplicada a 250 líderes de pymes canadienses, en la que el 64% de los participantes califica como insuficiente el apoyo que Ottawa ha brindado a los negocios afectados por las tensiones comerciales con Estados Unidos. Según estimaciones de la Federación Canadiense de Empresas Independientes, más de 53,000 compañías están directamente impactadas por los aranceles estadounidenses y las contramedidas implementadas por el propio gobierno canadiense.

El impacto operativo ya es medible. Un 26% de las empresas encuestadas ha reducido o suspendido su comercio con socios estadounidenses, mientras que el 55% planea modificar sus cadenas de suministro en los próximos meses. La volatilidad ha llevado al 71% de los propietarios a percibir el clima comercial como más impredecible que hace un año, y el 45% teme que incrementos inesperados en costos puedan comprometer la viabilidad de sus operaciones. En ese contexto, el 53% de los líderes señala que las condiciones actuales dificultan la toma de decisiones estratégicas a largo plazo, lo que ha derivado en que el 22% posponga o cancele planes de expansión.

Frente a este escenario, la planificación financiera se consolida como el principal mecanismo de respuesta: el 75% de las pymes afirma depender en gran medida de la previsión y el modelado de escenarios para navegar la incertidumbre. Sin embargo, solo el 54% de los propietarios se siente seguro de que sus operaciones pueden resistir un choque simultáneo de costos arancelarios e inflación. Los aranceles estadounidenses sobre importaciones canadienses alcanzan tasas de entre 10% y 50% en categorías específicas, e incluyen restricciones sobre productos agrícolas y lácteos. Canadá, por su parte, ha implementado contramedidas en sectores como acero, electrónica y equipos agrícolas, profundizando una dinámica que, según analistas del sector, exigirá marcos de política comercial más ágiles y mecanismos de apoyo empresarial mejor calibrados para los próximos ciclos presupuestales.