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Burocracia y costos hundidos: el lastre que frena la modernización de la defensa

Redaccion E30·16/6/2026
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Burocracia y costos hundidos: el lastre que frena la modernización de la defensa

Cuando un exministro de defensa describe el sistema que acaba de dejar como una acumulación de capas burocráticas que cuestan más que los productos que generan, la señal es inequívoca: el modelo tradicional de gestión del gasto público en defensa enfrenta una crisis de legitimidad estructural. Al Carns, exministro de las fuerzas armadas del Reino Unido y veterano de operaciones especiales, articuló con inusual franqueza lo que muchos analistas del sector llevan años documentando: la incapacidad institucional para abandonar programas heredados, incluso cuando su retorno estratégico es negativo.

Carns señaló el caso de los tanques como ejemplo paradigmático de una lógica que paraliza la toma de decisiones en grandes organizaciones públicas y privadas: el sesgo del costo hundido. Con una inversión de 700 millones de libras ya comprometida, el sistema prefiere continuar absorbiendo recursos en plataformas tecnológicamente obsoletas antes que asumir el costo político y contable de cancelar el programa. Este patrón, documentado por la economía del comportamiento desde los trabajos de Kahneman y Tversky, es especialmente prevalente en organizaciones con ciclos de planeación largos, estructuras jerárquicas rígidas y baja exposición a señales de mercado, características que comparten tanto los ministerios de defensa como muchas corporaciones de sectores regulados.

Para los estrategas corporativos y líderes de transformación, el diagnóstico de Carns ofrece un marco de lectura aplicable más allá del contexto militar. McKinsey ha identificado que entre el 20% y el 30% del gasto operativo en grandes organizaciones se destina a mantener procesos y sistemas cuya vigencia estratégica ya caducó, pero que persisten por inercia institucional. La diferencia entre las organizaciones que logran reasignar ese capital hacia capacidades emergentes y las que no, reside menos en la disponibilidad de recursos que en la voluntad de confrontar los costos hundidos con disciplina analítica. En un entorno donde la velocidad de obsolescencia tecnológica se acelera, esa capacidad de abandono estratégico se convierte en una ventaja competitiva de primer orden.

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