Menor dependencia del gas redefine la competitividad eléctrica industrial en España
La penetración de energías renovables y la excepción ibérica han desacoplado parcialmente el mercado eléctrico español de la volatilidad del gas, con implicaciones directas para la industria y la competitividad regional

España ha logrado reducir a la mitad el impacto del gas natural sobre el precio mayorista de la electricidad industrial, en comparación con la media de las principales economías de la eurozona. Este diferencial, documentado por Entorno, refleja un cambio estructural en el sistema eléctrico español impulsado por la creciente participación de energías renovables y el efecto sostenido de la llamada "excepción ibérica", vigente desde 2022.
Hasta 2021, la relación entre gas y electricidad era prácticamente uniforme en Europa: un incremento de 10 euros por megavatio/hora (MWh) en el precio del gas se traducía en un alza de aproximadamente 20 euros por MWh en el mercado eléctrico, dado que se requerían cerca de 2 MWh de gas para generar 1 MWh de electricidad. Hoy, en España esa misma variación de 10 euros en el gas genera un impacto de entre 5 y 10 euros por MWh en el precio eléctrico, mientras que países como Alemania e Italia mantienen la proporción histórica de 2 a 1. El desplazamiento de tecnologías fósiles en la determinación del precio marginal, provocado por el mayor peso de la generación eólica y fotovoltaica, explica esta divergencia.
Este comportamiento diferencial tiene consecuencias directas sobre la competitividad industrial. Se estima que el incremento acumulado del precio de la electricidad en España entre 2021 y el primer semestre de 2025 rondará los 40 euros por MWh, frente a cerca de 80 euros por MWh registrados en promedio en el resto de la eurozona. La brecha también se ha evidenciado en los mercados de futuros eléctricos: ante las recientes tensiones geopolíticas en torno a Irán y su efecto alcista sobre el gas, las revisiones en los precios futuros españoles han sido notablemente más moderadas que las de Italia o Alemania. Para los estrategas corporativos y los responsables de decisiones de localización industrial, esta estabilidad relativa representa una señal de largo plazo sobre las ventajas competitivas que la transición energética puede generar más allá de los objetivos ambientales.
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