Tipo de cambio en Perú: señales de presión sobre el sol ante incertidumbre política y global

Movimientos recientes en el mercado cambiario peruano revelan una tensión creciente entre la estabilidad macroeconómica del país y los factores de riesgo externos e internos. Según datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el tipo de cambio cerró en S/3.3900 por dólar en la última sesión registrada, tras una apertura en S/3.3812, lo que marca una apreciación de la divisa estadounidense en la jornada. En el mercado paralelo, la compra se ubicó en S/3.365 y la venta en S/3.390, mientras que las operaciones oficiales registraron una compra de S/3.377 y una venta de S/3.386, de acuerdo con información publicada por Entorno.
El contexto político agrega una capa de incertidumbre que los mercados ya están procesando. El escenario electoral —con proyecciones que apuntan hacia un proceso competitivo de cara a 2026— genera volatilidad en la percepción de riesgo país, un factor que históricamente ha presionado al alza el tipo de cambio en economías emergentes de la región. A esto se suman las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, que han fortalecido al dólar a nivel global como activo de refugio, encareciendo las divisas locales de mercados como el peruano. El BCRP, por su parte, ha mantenido una postura activa: colocó S/2,500 millones en depósitos overnight a una tasa promedio de 4.20% y S/500 millones en depósitos a una semana a la misma tasa, señal de una gestión de liquidez orientada a contener presiones inflacionarias y cambiarias.
A pesar de este entorno complejo, las proyecciones de mediano plazo sugieren que el sol peruano mantiene fundamentos relativamente sólidos. Analistas económicos estiman que el tipo de cambio para finales de 2026 oscilará entre S/3.34 y S/3.46 por dólar: el sistema financiero proyecta S/3.39, las empresas no financieras anticipan S/3.46 y algunos analistas independientes apuntan a S/3.34. Esta dispersión en las expectativas refleja precisamente el grado de incertidumbre vigente. Para los estrategas corporativos y tesoreros financieros, el mensaje es claro: la ventana de estabilidad cambiaria existe, pero requiere monitoreo activo de variables políticas domésticas y del ciclo del dólar global, especialmente ante posibles ajustes en la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos.

