Mientras el mundo apuesta por la alta tecnología para la agricultura, este país produce más alimentos con peces y demuestra que lo antiguo también funciona

Mientras el mundo avanza hacia la alta tecnología en la agricultura, una práctica milenaria en una región de China demuestra que las soluciones tradicionales también pueden ser efectivas. En esta zona, el cultivo conjunto de arroz y peces está logrando un notable aumento en la producción de alimentos, al tiempo que se minimiza el uso de insumos químicos.
Este sistema ancestral, lejos de desaparecer, ha cobrado nueva relevancia con el apoyo de organismos internacionales que lo consideran una herramienta clave para mejorar la seguridad alimentaria, combatir la pobreza y fomentar una agricultura más sostenible. Su éxito ha atraído la atención de otros países asiáticos, y presenta oportunidades interesantes para su implementación en México.
La técnica, que permite la cría de peces dentro de los arrozales durante el ciclo de cultivo, se basa en una relación simbiótica. Mientras el arroz proporciona refugio y alimento natural a los peces, estos, a su vez, ayudan a remover el suelo, aportan nutrientes, oxigenan el agua y controlan plagas, reduciendo así la necesidad de pesticidas.
Un ejemplo destacado se encuentra en el condado de Honghe, en la provincia de Yunnan, donde este modelo agrícola ha sido optimizado con nuevas variedades de arroz y diferentes especies de peces, junto con un soporte técnico especializado. Este enfoque ha permitido triplicar el valor económico de la producción al obtener dos alimentos en la misma superficie agrícola.
Además, este sistema ha sido reconocido como uno de los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), lo que subraya cómo los conocimientos tradicionales pueden integrarse con innovaciones modernas sin comprometer el equilibrio ambiental.
La integración de la agricultura y la acuicultura ofrece una alternativa valiosa, especialmente para comunidades indígenas y rurales, ya que permite aumentar la producción de alimentos sin depender de un solo cultivo. Especialistas de varios países asiáticos han coincidido en que la experiencia de Honghe podría ser replicada en otras naciones para fortalecer la producción agrícola y mejorar los ingresos de pequeños productores.
Este sistema no solo incrementa la productividad, sino que también busca un uso más eficiente del agua, reduce la dependencia de productos químicos nocivos y conserva la biodiversidad de los ecosistemas agrícolas. Los peces desempeñan un papel crucial en el control natural de plagas, lo que contribuye a disminuir la necesidad de insecticidas y fertilizantes sintéticos.
En México, también se han desarrollado modelos que combinan la cría de peces con cultivos agrícolas, aunque no necesariamente bajo el mismo esquema de arrozales que se observa en China. El país cuenta con un rico legado histórico de integración entre la agricultura y los ecosistemas acuáticos, como es el caso de las chinampas de Xochimilco, que han sido utilizadas desde la época prehispánica. En este sistema, la producción agrícola se lleva a cabo sobre islas artificiales rodeadas de canales que albergan diversas especies acuáticas.
Aunque no se trata de un cultivo simultáneo de arroz y peces, ambos modelos comparten la lógica de aprovechar la interacción entre el agua, los cultivos y la fauna para mejorar la fertilidad del suelo, favorecer el control natural de plagas y obtener diversos alimentos dentro de un mismo ecosistema.
Actualmente, estas prácticas se conocen como agroacuicultura y presentan una oportunidad significativa para impulsar la sostenibilidad y la productividad en el sector agrícola de México.
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