Infraestructura de carga para vehículos eléctricos: cómo cerrar la brecha en mercados emergentes
La expansión acelerada de redes de carga en el sureste de Estados Unidos revela un patrón replicable para América Latina, donde la demanda de electromovilidad supera la oferta de infraestructura disponible.

Cerrar la brecha entre la adopción de vehículos eléctricos y la disponibilidad de infraestructura de carga se ha convertido en uno de los retos estructurales más urgentes para la movilidad sostenible en el continente americano. ChargePoint, en colaboración con Optimus Energy Solutions, está instalando más de 200 nuevos puertos de carga pública en el sureste de Estados Unidos, una región que históricamente ha registrado rezagos en este tipo de infraestructura frente a otras zonas del país. El modelo operativo adoptado es relevante: ChargePoint aporta el hardware, el software y los servicios asociados, mientras que su socio asume la propiedad y operación de los sitios, lo que permite escalar sin concentrar toda la inversión en un solo actor.
Los datos que respaldan esta expansión son elocuentes. A inicios de este año, ChargePoint reportó la incorporación de 190,000 puertos de carga a su red durante 2025. Sin embargo, la utilización de esos cargadores creció casi 20% por encima del ritmo de instalación de nuevos puntos, lo que genera cuellos de botella que deterioran la experiencia del usuario y frenan la adopción masiva del vehículo eléctrico. Según el CEO Rick Wilmer, "expandir el acceso a una infraestructura confiable de carga es fundamental para acelerar la transición a la movilidad eléctrica". La ubicación estratégica de los nuevos cargadores en restaurantes de servicio rápido y centros comerciales responde a una lógica de integración con los hábitos de consumo, no solo de cobertura geográfica.
Para los tomadores de decisiones en México y América Latina, este caso ofrece señales concretas. La región enfrenta una dinámica similar: la demanda de electromovilidad crece impulsada por incentivos fiscales, compromisos de descarbonización corporativa y la caída en el costo de los vehículos eléctricos, pero la infraestructura de carga pública sigue siendo insuficiente para sostener ese crecimiento. El modelo de asociación público-privada con separación de roles entre proveedor tecnológico y operador de sitio puede ser una vía viable para acelerar el despliegue sin depender exclusivamente del gasto gubernamental. Según el Foro Económico Mundial, para 2030 se requerirán entre 40 y 50 millones de puntos de carga a nivel global para satisfacer la demanda proyectada, lo que convierte a este segmento en una oportunidad de inversión con horizonte claro y métricas de escasez ya visibles.


