Infraestructura de gas natural en Perú: por qué la cobertura se estanca tras dos décadas
Más de 3 millones de hogares peruanos aún cocinan con leña, revelando las limitaciones de la expansión energética regional
Veinte años después de iniciado el proyecto Camisea, la brecha en el acceso a combustibles modernos en Perú se mantiene como un indicador crítico de desigualdad territorial. Según los Censos Nacionales 2025 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 28.4% de las viviendas peruanas utiliza leña como principal…

Veinte años después de iniciado el proyecto Camisea, la brecha en el acceso a combustibles modernos en Perú se mantiene como un indicador crítico de desigualdad territorial. Según los Censos Nacionales 2025 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 28.4% de las viviendas peruanas utiliza leña como principal fuente de energía para cocinar, cifra que supera significativamente al 15.8% que accede a gas natural domiciliario. Esta disparidad afecta a más de 3 millones de hogares y expone las limitaciones estructurales de la política de masificación energética en el país.
La concentración geográfica de la infraestructura de gas revela el patrón de desarrollo desigual que caracteriza al sector. Lima y Callao concentran la mayor parte de las conexiones residenciales, con más de 2.5 millones de hogares conectados a través de la concesionaria local. En el norte, operadores como Gases del Pacífico y Gases de Piura utilizan gasoductos virtuales que transportan gas en camiones cisterna, una solución de menor escala que refleja la dificultad para expandir infraestructura fija en regiones con menor densidad poblacional. En el sur, la salida de operadores internacionales tras controversias regulatorias ha dejado vacíos de cobertura que aún no se han resuelto. Entretanto, el balón de GLP mantiene una cobertura del 67.3% de los hogares, consolidándose como la alternativa dominante en zonas donde el gas natural no llega.
Los proyectos de expansión enfrentan obstáculos políticos y financieros que han limitado su avance. El plan "Siete Regiones" impulsado por el Ministerio de Energía y Minas buscaba llevar gas natural a Cusco, Ucayali, Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Junín y Puno, pero el gasoducto destinado al sur quedó inconcluso, con solo el tramo hacia Lima completado. Las negociaciones con operadores privados para desarrollar nuevas redes en regiones de menor rentabilidad comercial siguen pendientes, mientras que la incertidumbre política generada por transiciones gubernamentales añade riesgo a la continuidad de estos proyectos.
La persistencia del uso de leña en zonas rurales y periurbanas genera externalidades negativas documentadas en salud pública y medio ambiente. Aunque Camisea representa el 40% de la generación eléctrica nacional desde su inicio en 2004, demostrando su importancia para la economía industrial, su impacto en el acceso domiciliario ha sido limitado. Esta desconexión entre la capacidad de producción y la cobertura residencial plantea interrogantes sobre el modelo de distribución y los incentivos regulatorios para expandir el acceso a energía moderna en territorios de menor densidad poblacional. Los desafíos para cerrar esta brecha energética seguirán siendo críticos en la agenda de política pública en los próximos años.
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