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Comunidades indígenas formalizan protección territorial: modelo de conservación comunitaria en México

Pueblos originarios asumen custodia de ecosistemas estratégicos mediante certificación voluntaria

Comunidades indígenas en Oaxaca están redefiniendo el modelo de conservación ambiental al asumir la custodia formal de territorios que históricamente han manejado. En la Sierra Madre del Sur, la comunidad zapoteca de Santa María Zoquitlán certificó 25 mil 980 hectáreas como Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC), consolidando lo

Redaccion E30·1/8/2026
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Comunidades indígenas formalizan protección territorial: modelo de conservación comunitaria en México

Comunidades indígenas en Oaxaca están redefiniendo el modelo de conservación ambiental al asumir la custodia formal de territorios que históricamente han manejado. En la Sierra Madre del Sur, la comunidad zapoteca de Santa María Zoquitlán certificó 25 mil 980 hectáreas como Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC), consolidando lo que se conoce como La Natividad, el cuarto santuario comunitario más extenso de la entidad.

Esta estrategia representa un giro significativo en la gobernanza ambiental mexicana. Mientras que históricamente la conservación ha sido responsabilidad del Estado a través de áreas naturales protegidas federales, el modelo de ADVC transfiere autoridad y capacidad de decisión a las propias comunidades. Según datos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), las áreas comunitarias de conservación han demostrado tasas de deforestación menores al 1% anual, comparadas con el 2.5% promedio nacional. El territorio protegido resguarda microcuencas críticas y alberga poblaciones viables de especies en riesgo: venado cola blanca, pecarí, puma, ocelote y jaguarundi, indicadores de un ecosistema en equilibrio dinámico.

La transición hacia este modelo de custodia comunitaria responde a una crisis de degradación ambiental. Antes de la certificación, la extracción irresponsable de leña y recursos forestales había comprometido la viabilidad del ecosistema. El proceso de formalización tomó dos años de gestiones, capacitación y reorganización institucional a través del tequio, el sistema tradicional de trabajo colectivo zapoteco. Los productores locales han establecido zonas de no intervención absoluta, áreas de manejo controlado de agaves silvestres y espacios dedicados exclusivamente a reforestación, priorizando el consumo local sobre la explotación comercial.

Este modelo comunitario anticipa una tendencia más amplia en la política ambiental latinoamericana: la descentralización de la conservación hacia actores locales. Estudios del World Resources Institute documentan que territorios indígenas y comunitarios protegen el 80% de la biodiversidad remanente en América Latina, a pesar de ocupar solo el 22% de la superficie. La formalización de estas prácticas mediante instrumentos como la ADVC convierte el conocimiento tradicional en política pública verificable, creando incentivos para que otras comunidades repliquen modelos de custodia territorial. La defensa del manejo tradicional de agaves silvestres y sus polinizadores integra conservación biológica con viabilidad económica local, un equilibrio que los modelos de protección convencionales frecuentemente no logran.

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