Puntuaciones crediticias agregadas permanecen sin cambios desde octubre, pero esta aparente estabilidad enmascara tensiones significativas en la capacidad de pago de los hogares mexicanos. El puntaje promedio se sitúa en 714 puntos, apenas una décima por debajo del año anterior, sin embargo, los costos vinculados a hipotecas, préstamos automotrices y tarjetas de crédito están ejerciendo presión considerable sobre presupuestos familiares, especialmente en segmentos de menor calificación crediticia.

Desde 2019, el pago mensual promedio para compradores de vivienda por primera vez ha aumentado 57%, mientras que los saldos hipotecarios para prestatarios con puntajes inferiores a 620 crecieron 43% en el mismo período. Los préstamos automotrices para este mismo segmento registraron incrementos de 36%, y las tasas de morosidad de 90 días o más se han elevado en los rangos de puntuación más bajos, manteniéndose estables únicamente en niveles superiores. Esta divergencia revela que la estabilidad agregada del indicador oculta una fragmentación creciente: mientras consumidores con mejor historial crediticio mantienen acceso a tasas competitivas, aquellos con calificaciones más bajas enfrentan costos prohibitivos que erosionan su capacidad de endeudamiento responsable.

La deuda de tarjetas de crédito ha alcanzado $1.26 billones, con un incremento de $21 mil millones respecto al trimestre anterior, acercándose a máximos históricos. Simultáneamente, consumidores están adoptando estrategias de financiamiento alternativo como servicios de compra ahora y paga después para gestionar gastos grandes sin comprometer presupuestos inmediatos. A pesar de estas presiones, la morosidad temprana en hipotecas ha mejorado de 1.42% a 1.35% anualmente, y la morosidad automotriz de 30 días se contrajo 5 puntos base a 2.6%, indicadores que sugieren que los hogares aún priorizan el cumplimiento de obligaciones crediticias.

Generaciones más jóvenes están gestionando el crédito como herramienta activa en lugar de pasiva, aunque el 74% de consumidores de la Generación Z depende de apoyo financiero externo, frecuentemente parental. Casi tres cuartas partes de la población revisa sus puntuaciones crediticias varias veces al año, reflejando mayor conciencia sobre salud financiera. Sin embargo, el 37% de todos los consumidores reconoce necesidad de asistencia financiera continua, señal de que la estabilidad crediticia agregada no se traduce en mayor seguridad financiera individual. Este contexto sugiere que futuras decisiones de política crediticia deberán considerar no solo indicadores de riesgo agregados, sino la creciente vulnerabilidad de segmentos específicos de la población.