Apreciación del peso mexicano se ha convertido en un factor de riesgo significativo para la rentabilidad de la industria turística y restaurantera. Este fenómeno impacta directamente en los márgenes de ganancia de las empresas del sector, ya que cada dólar captado se traduce en un menor volumen de pesos, mientras que los costos operativos —nómina, energía, mantenimiento, seguros e impuestos— continúan aumentando en moneda nacional.

Consultores especializados en modelos de negocio turístico señalan que esta situación exige a las empresas ir más allá de indicadores tradicionales como ocupación o tarifa media diaria (ADR). Resulta crucial adoptar un enfoque integral que incluya métricas como ingreso por habitación disponible, utilidad operativa por habitación disponible, flujo de conversión y EBITDA. A pesar de mantener buena ocupación, un hotel puede estar enfrentando pérdidas en su rentabilidad operativa.

Industria turística enfrenta un contexto donde la competencia internacional limita la posibilidad de trasladar automáticamente las pérdidas cambiarias al consumidor final. Como resultado, muchas empresas absorben parcialmente el impacto, buscando compensarlo mediante mejoras en productividad, ingeniería de costos, compras más eficientes y una mejor mezcla de negocios. El reto radica en determinar la tarifa adecuada para proteger el margen operativo sin comprometer el posicionamiento competitivo.

Empresas más institucionalizadas implementan estrategias como coberturas cambiarias, alineación de ingresos y pasivos en la misma divisa, renegociación con proveedores y control riguroso de desperdicios. En el primer semestre, México recibió 24.5 millones de turistas internacionales, aumento del 4.6% respecto al año anterior. Sin embargo, turismo aéreo experimentó descenso del 4.3%, con contracción del 11% en turistas estadounidenses —principal mercado emisor—, equivalente a 700 mil visitantes menos.

Combinación de apreciación cambiaria, inflación interna y aumento en costos operativos ha reducido el margen de maniobra para empresas mexicanas frente a destinos competidores en Caribe y Sudamérica como República Dominicana, Jamaica, Colombia y Costa Rica. Este fenómeno afecta especialmente segmentos turísticos de ingresos medios y viajes de placer, donde viajeros son más sensibles a diferencias de precio. En contraste, mercados de lujo, corporativos y grupos MICE muestran menor elasticidad ante estas variaciones.