Los mercados de divisas en economías emergentes están atravesando una fase de aparente estabilidad que contrasta con presiones estructurales de fondo. La volatilidad de los pares de monedas emergentes se encuentra actualmente por debajo de sus niveles históricos de referencia, lo que sugiere un periodo de relativa calma cambiaria. Sin embargo, esta tranquilidad superficial oculta tensiones que definirán la trayectoria de estas divisas en los próximos 18 meses, según el análisis de Entorno.

Las proyecciones indican una depreciación gradual de las monedas emergentes frente al dólar hacia 2026, resultado de una combinación de factores externos e internos. A nivel global, se anticipa que los bancos centrales de economías desarrolladas inicien ciclos de reducción de tasas, lo que en teoría aliviaría la presión sobre las divisas emergentes. Las señales de crecimiento económico y los precios favorables en materias primas también benefician a los exportadores de commodities. Sin embargo, estas variables positivas se ven contrarrestadas por desequilibrios internos de mayor peso: déficits fiscales que alcanzan hasta el 8.5% del PIB en algunas economías y una deuda pública que ronda el 80% del PIB aumentan la percepción de riesgo país y limitan la entrada de capital extranjero. Este escenario obliga a los bancos centrales a mantener tasas elevadas para atraer inversión y financiar el gasto público, generando un dilema de política monetaria de difícil resolución.

Otro elemento determinante es el diferencial de tasas de interés entre economías emergentes y desarrolladas —el denominado carry trade—, que históricamente ha atraído capital especulativo y contribuido a la apreciación de las monedas locales. A medida que los bancos centrales de la región proyectan reducciones en sus tasas de política monetaria, que podrían situarse en torno al 12.5% para finales de 2026 en algunos casos, ese atractivo se reduce y genera presión depreciativa adicional. Los déficits en cuenta corriente agravan el panorama: cuando una economía importa más de lo que exporta, requiere financiamiento externo, lo que presiona a la baja sobre la moneda local. Para estrategas corporativos y gestores de tesorería, Entorno subraya que la estabilidad actual no debe interpretarse como garantía de continuidad. Los indicadores estructurales apuntan a presiones depreciatorias graduales que podrían intensificarse si las condiciones externas se deterioran o si los desequilibrios fiscales internos se agravan, lo que hace imperativo revisar las estrategias de cobertura cambiaria y la exposición a divisas emergentes.