Acceder a la primera vivienda en la Ciudad de Buenos Aires tiene desde septiembre de 2026 una nueva vía de financiamiento: un crédito hipotecario con tasa fija del 6.5% TNA, orientado específicamente a sectores medios que buscan comprar su primer inmueble en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El esquema permite financiar hasta el 75% del valor de propiedades con un costo máximo de USD 2,800 por metro cuadrado, con un monto máximo de $150 millones y un plazo de hasta 25 años. A modo de referencia, la cuota inicial de un crédito de $100 millones a 25 años se ubica en $658,000, calculada con el valor de la UVA al 9 de septiembre de 2026. Para calificar, los solicitantes deben acreditar ingresos totales a partir de $2,632,000.

El programa está dirigido a personas físicas mayores de edad en relación de dependencia, así como a monotributistas y trabajadores autónomos. La relación cuota-ingreso puede alcanzar hasta el 25% de los ingresos netos del solicitante o de su grupo familiar, y se admite la incorporación de un garante para ampliar la capacidad crediticia. Las cuotas se calculan bajo el sistema de amortización francés, con capital expresado en UVA y tasa fija. Según Entorno, este tipo de estructuras de largo plazo con tasa predecible representa una señal de mayor estabilidad macroeconómica, condición necesaria para que el mercado hipotecario recupere dinamismo tras años de contracción.

Desde una perspectiva de política urbana, la reducción de la tasa responde a una estrategia del Gobierno de la Ciudad para ampliar el acceso a la vivienda en un mercado donde los precios del metro cuadrado han presionado históricamente a los sectores medios. La reforma en la Carta Orgánica de la institución financiera, que destina un porcentaje de las utilidades a préstamos hipotecarios, apunta a sostener esta línea en el tiempo más allá de coyunturas específicas. Para estrategas del sector inmobiliario e inversores institucionales, el dato relevante es que el crecimiento del crédito hipotecario tiende a correlacionarse con estabilidad de precios y previsibilidad cambiaria: dos variables que, de consolidarse, podrían reactivar un segmento que en Argentina lleva más de una década por debajo de su potencial.