Señales estructurales apuntan a que la minería en México ha entrado en una fase de expansión sostenida, respaldada por un crecimiento sin precedentes en la inversión extranjera directa (IED). Según datos recientes analizados por Entorno, el stock de IED en el sector minero alcanzó los 24,849 millones de dólares a inicios de 2026, un máximo histórico que supera en más de 2,800 millones al trimestre anterior y que representa casi el triple de los 8,361 millones registrados en septiembre de 2019. Si se toma como referencia el inicio del registro desagregado en 2017, cuando el stock rondaba los 6,000 millones de dólares, la expansión acumulada es de más de cuatro veces en menos de una década.
Este dinamismo no se limita al stock acumulado. En el primer trimestre de 2026, la IED neta en minería alcanzó los 2,799 millones de dólares, un nuevo récord trimestral que supera en 36% el máximo anterior de 2,055 millones registrado en el segundo trimestre de 2024. El contraste con el período 2017-2021 es revelador: en esos años, los flujos trimestrales rara vez rebasaban los 500 millones de dólares y en algunos periodos fueron negativos. Desde 2023, el patrón cambió de forma consistente, con la mayoría de los trimestres desde 2024 superando los 1,000 millones de dólares. El análisis por subsector indica que la explotación de minas y canteras es el principal motor, al pasar de poco más de 1,000 millones en 2017 a más de 13,000 millones en la actualidad, mientras que la extracción de minerales metalíferos y los servicios de apoyo también registran expansiones significativas.
Para estrategas e inversores, el dato más relevante no es el volumen en sí, sino la naturaleza del capital que lo sostiene. El stock de IED incluye aportes de casas matrices, utilidades reinvertidas y financiamiento entre filiales, en su mayoría inmovilizado en activos de larga duración: minas, maquinaria e infraestructura industrial. Esto implica compromisos de largo plazo difíciles de revertir ante cambios de ciclo, lo que otorga al sector una base de estabilidad estructural que los flujos trimestrales por sí solos no reflejan. Según el análisis de Entorno, el contexto de precios internacionales elevados para los principales minerales extraídos en México ha sido el catalizador inmediato, pero la profundidad del ciclo inversor sugiere que las apuestas del capital extranjero van más allá de una coyuntura de precios. Para el C-Level de sectores vinculados a cadenas de suministro de minerales críticos, energías limpias o manufactura avanzada, este reposicionamiento de México como destino minero de primer orden representa tanto una oportunidad de encadenamiento productivo como una señal de dónde se concentrará la actividad económica en la próxima década.