Señales mixtas caracterizan el comportamiento reciente del tipo de cambio en República Dominicana: mientras el euro registró un incremento diario de 2.8% frente al peso dominicano, su desempeño interanual acumula una caída de 7.81%. Más relevante para los estrategas corporativos es el nivel de volatilidad cambiaria actual, que se sitúa en 27.6%, más del doble del umbral de referencia de 12.45%, lo que indica una fase de inestabilidad que exige mayor rigor en la gestión de riesgos financieros para empresas con operaciones o exposición en la región.
En el frente macroeconómico, las proyecciones para el mediano plazo apuntan a una aceleración del crecimiento real del PIB hacia el 4%, sostenida por la reducción de tasas de interés, la recuperación del turismo y un entorno externo más estable. El gobierno dominicano adoptó un enfoque fiscal activo: aprobó un presupuesto suplementario que eleva el gasto de capital en 0.4% del PIB para 2025, ampliando el déficit global al 3.5% del PIB. Para el siguiente ejercicio, el Ministerio de Hacienda proyecta un déficit de 3.2% del PIB y un superávit primario de 0.5%, señales de una consolidación gradual que busca equilibrar el estímulo económico con la sostenibilidad fiscal. La deuda pública bruta se mantendría estable en torno al 58% del PIB en los próximos 12 a 18 meses, siempre que no ocurran eventos macroeconómicos disruptivos.
Desde la perspectiva de la inversión y el financiamiento externo, República Dominicana mantiene fundamentos sólidos. La inversión extranjera directa neta se estima entre 3.5% y 4.0% del PIB, con turismo, energía, industria y sector inmobiliario como vectores principales. Los superávits en exportaciones de servicios y remesas compensarán los déficits comerciales, manteniendo el déficit por cuenta corriente entre 2% y 2.5% del PIB. El Banco Central estima que el tipo de cambio alcanzará aproximadamente 66.35 pesos por dólar en septiembre de 2026 y cerca de 69.15 pesos un año después, anticipando una depreciación gradual y controlada. Para los inversores y directivos con presencia en mercados del Caribe, este escenario combina oportunidades de crecimiento real con riesgos cambiarios y de gobernabilidad que requieren monitoreo continuo.