Datos de fuentes académicas independientes confirman una tendencia que los indicadores oficiales no logran ocultar: el consumo masivo acumula nueve meses consecutivos de descensos en México, con una caída interanual del 4.9% en agosto. El Índice de Consumo Privado elaborado por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo registró además una contracción mensual del 1.2% y una reducción acumulada del 1.4% en los primeros ocho meses del año frente al mismo período anterior. Para los estrategas corporativos, estas cifras no son un dato coyuntural: son una señal estructural sobre el deterioro del poder adquisitivo de los hogares.
Especialmente preocupante es el comportamiento del segmento de consumo masivo —productos de compra frecuente y bajo costo—, que representa aproximadamente el 50% del gasto total de los hogares, excluyendo vivienda y servicios básicos. Una caída del 4.9% interanual en este rubro, con un acumulado anual del 3.2%, indica que las familias están recortando precisamente en los bienes que históricamente se consideraban inelásticos. En paralelo, los servicios de recreación y turismo —que agrupan alojamiento, transporte turístico y actividades culturales, equivalentes al 29.5% del gasto hogareño— retrocedieron un 5.7% interanual en agosto, con una contracción acumulada anual del 1.4%. Ambos segmentos dibujan un consumidor que prioriza la subsistencia sobre el ocio y la experiencia.
Sin embargo, el informe también registra señales mixtas que merecen atención estratégica. Mientras el consumo de automóviles cae, los patentamientos de motos crecieron un 34.7% interanual en agosto, lo que apunta a un reordenamiento en las preferencias de movilidad: los consumidores no dejan de moverse, sino que migran hacia opciones de menor costo. Este tipo de sustitución de categorías es un patrón clásico en contextos de contracción del ingreso real y anticipa oportunidades para sectores que ofrezcan valor percibido alto a menor precio. Para los líderes empresariales, el reto no es solo resistir la caída de la demanda, sino reposicionarse ante un consumidor que está redefiniendo activamente sus prioridades de gasto.