Auge del comercio electrónico en Argentina presiona la cadena logística al límite
Mientras el comercio físico acumula caídas, el canal digital emerge como el único motor de crecimiento sostenido del consumo masivo en Argentina. Durante los primeros ocho meses del año, las compras en línea crecieron 35.9% en términos interanuales, con un pico de 36.9% registrado en agosto. En paralelo, las ventas minoristas de pequeñas y medianas empresas retrocedieron 2.4% en el mismo período, consolidando una brecha estructural entre ambos canales que ya no parece reversible.
Este desplazamiento de la demanda hacia el entorno digital no refleja un aumento del gasto total de los hogares, sino una migración de comportamiento: el consumidor delega en el operador logístico tareas que antes realizaba por cuenta propia, como seleccionar productos, trasladarse al punto de venta y transportar sus compras. El resultado es un sistema que procesa cerca de un millón de pedidos diarios en todo el país, cada uno con su propio ciclo de preparación, embalaje, transporte y entrega. Durante el primer semestre, el ecommerce argentino facturó el equivalente a 19.5 billones de pesos, con 181.5 millones de órdenes de compra y 248 millones de unidades despachadas, un 22% más que en el mismo período del año anterior, según datos del sector.
Para la cadena logística, el impacto más exigente proviene de las categorías de mayor rotación. Alimentos y bebidas lideran el volumen de unidades vendidas online, con un crecimiento interanual de 56.7% en agosto; higiene y cosmética avanzó 54.4% en el mismo mes. Estos rubros, caracterizados por bajo valor unitario y alta frecuencia de reposición, imponen una condición operativa crítica: el costo del envío no puede superar el valor del producto. Esa ecuación obliga a los operadores a optimizar rutas, densificar zonas de cobertura y sostener frecuencias de entrega diarias sin deteriorar márgenes. A esto se suma la presión del último trimestre del año, cuando los grandes eventos de ventas online pueden multiplicar el volumen entre tres y cinco veces en cuestión de días, como ocurrió en 2025, cuando las empresas participantes del principal evento del sector procesaron casi siete millones de órdenes en 72 horas.
Frente a este escenario, los comercios con presencia física están reconvirtiendo sus locales en nodos de distribución, utilizándolos como puntos de retiro o despacho para absorber parte de la demanda digital. En empresas que operan en ambos canales, lo digital ya representa aproximadamente una cuarta parte de la facturación total, lo que convierte la gestión de inventario unificado en una decisión estratégica de primer orden. Para los directivos del sector, el desafío no es tecnológico sino operativo y financiero: escalar capacidad logística en un entorno de costos de flete al alza, sin trasladar esa presión al precio final que evalúa un consumidor cada vez más sensible a la eficiencia de la entrega.