Caída histórica de actividad económica en Argentina reaviva riesgos de contracción sostenida
Argentina enfrenta una de sus caídas mensuales de actividad económica más pronunciadas en más de dos décadas. Según un análisis de banca internacional, el índice de actividad retrocedió 2.9% en julio respecto a junio —casi el triple de lo anticipado—, marcando el descenso mensual más severo desde abril de 2020 y, si se excluyen los efectos de la pandemia y las crisis financieras de 2008, 2018 y 2019, el más grave desde 2004. Este dato obligó a revisar a la baja las proyecciones de crecimiento para 2026, situándolas ahora en 1.5%, con una contracción anualizada estimada en 4% para el tercer trimestre.
Detrás de la cifra agregada se esconde una debilidad sectorial amplia y estructural. La industria manufacturera cayó 3.6% mensual ajustada por estacionalidad; la construcción, 4%; y el comercio, 5.5%. Sectores como agricultura, transporte y servicios financieros también registraron desempeños por debajo de lo esperado. El análisis señala que la estructura productiva del país opera como un factor agravante: los sectores de minería y energía, orientados a la exportación, generan un derrame limitado en los mercados internos, lo que significa que su crecimiento no se traduce en dinamismo comercial ni en consumo doméstico. A esto se suman factores coyunturales —un día hábil menos en julio por feriado nacional, interrupciones en el suministro de gas y condiciones climáticas adversas— que distorsionaron parcialmente la lectura, aunque no explican la magnitud total del retroceso.
Mirando hacia adelante, los riesgos de corto plazo se mantienen inclinados a la baja. Los indicadores preliminares de agosto apuntan a nuevas contracciones en actividad industrial y construcción. El consumo privado sigue presionado por una inflación superior a la prevista en el primer trimestre y por una desaceleración del crédito agravada por el aumento de la morosidad. El empleo urbano, aunque detuvo cinco meses consecutivos de caídas, se ubica 1.1% por debajo del nivel del año anterior, lo que limita la recuperación del gasto de los hogares. Para 2027, las proyecciones contemplan un crecimiento de 2.5%, impulsado principalmente por un alza de 11% en exportaciones, aunque el consumo privado apenas avanzaría 0.4%. El patrón de avance y retroceso que caracterizó el primer semestre parece haberse intensificado, dejando a la economía argentina en una posición frágil frente a cualquier nuevo choque externo o fiscal.