Calidad del aire en zonas industriales de Chile: avances, brechas y desafíos pendientes

Monitorear la calidad del aire en localidades de alta presión industrial se ha convertido en una práctica estratégica para la gestión de riesgos ambientales y de salud pública en Chile. En las últimas dos décadas, el país ha registrado avances significativos en la reducción de contaminantes como el material particulado fino (PM2.5), aunque persisten desigualdades regionales que revelan la complejidad del problema: las soluciones técnicas no son suficientes sin políticas diferenciadas por territorio.

Uno de los focos de atención permanente son las denominadas "zonas de sacrificio", ubicadas en el norte y centro del país, donde la actividad industrial ha generado episodios recurrentes de contaminación aguda. Localidades como Coronel, Talcahuano y Puchuncaví concentran históricamente niveles elevados de dióxido de azufre (SO₂) y material particulado, aunque los registros más recientes muestran una tendencia a la baja. En paralelo, el sur del país enfrenta un desafío estructural distinto: el uso extendido de leña húmeda como fuente de calefacción, práctica arraigada culturalmente que dificulta la regulación y cuya solución requiere tanto incentivos económicos como transformación de hábitos comunitarios.

Según el Índice de Calidad del Aire referido a Partículas (ICAP), que clasifica los niveles ambientales en rangos que van de "bueno" (0-99) a "pre-emergencia" (300), los registros recientes en Puchuncaví sitúan al municipio en categoría favorable: PM2.5 en 8 µg/m³, PM10 en 33 µg/m³, SO₂ en 12.76 µg/m³, dióxido de nitrógeno en 2.61 ppbv y ozono en 6 ppbv. Estos valores, que permiten actividades al aire libre sin restricciones sanitarias inmediatas, contrastan con episodios anteriores y evidencian el impacto de medidas regulatorias sostenidas. No obstante, restricciones permanentes siguen vigentes en la Región Metropolitana, incluyendo controles sobre calefactores a leña y límites de circulación vehicular, lo que subraya que la mejora en los indicadores no elimina la necesidad de marcos normativos activos. Para los estrategas de sostenibilidad corporativa y los tomadores de decisiones en política pública, la experiencia chilena ofrece una señal clara: la gestión de la calidad del aire exige sistemas de monitoreo continuo, regulación adaptativa y comunicación transparente con las comunidades afectadas.