Vehículos eléctricos superan a los de combustión en durabilidad tras alta kilometraje

Datos provenientes de un análisis exhaustivo de millones de inspecciones vehiculares en Gran Bretaña están redefiniendo una creencia ampliamente sostenida en la industria automotriz: que los vehículos de combustión interna son inherentemente más durables que los eléctricos. El estudio, realizado por la British Vehicle Rental and Leasing Association, evaluó componentes críticos —frenos, dirección, suspensión, neumáticos, luces y emisiones— en autos de entre 3 y 8 años de antigüedad con kilometrajes comparables, estableciendo así una base metodológica sólida para la comparación.

Hasta los 96,560 kilómetros, las diferencias en tasas de falla entre ambas tecnologías son marginales. Sin embargo, a partir de ese umbral, la divergencia se vuelve estadísticamente significativa: los vehículos eléctricos estabilizan su tasa de fallas en torno al 16%, mientras que los de gasolina escalan de forma sostenida. En el rango de 144,840 a 193,121 km, el 16.5% de los eléctricos no superó la inspección, frente al 22.1% de los de combustión. Para unidades con más de 193,121 km, la brecha se amplía aún más: 16% contra 23.5%, lo que implica que casi uno de cada cuatro autos de gasolina de alto kilometraje presenta deficiencias de seguridad. En el componente de frenos, la diferencia es particularmente reveladora: 2.2 defectos por cada 100 inspecciones en eléctricos, versus 6.5 en vehículos de gasolina, una ventaja atribuible en gran medida al frenado regenerativo, que reduce el desgaste mecánico convencional.

Para estrategas corporativos e inversores en movilidad de México y América Latina, estos hallazgos tienen implicaciones directas en la toma de decisiones de flota y en la evaluación del costo total de propiedad (TCO). Según proyecciones del Foro Económico Mundial, la transición hacia vehículos de bajas emisiones en mercados emergentes se acelerará conforme maduren las redes de carga y los marcos regulatorios. La evidencia sobre durabilidad a largo plazo no solo refuerza el argumento ambiental, sino que construye un caso económico concreto: flotas con menor tasa de fallas implican menos tiempo fuera de operación, menores costos de mantenimiento correctivo y mayor previsibilidad financiera. En un entorno donde la eficiencia operativa define ventajas competitivas, ignorar esta señal sería un error estratégico de largo alcance.