Remesas en México: cómo la inflación y el tipo de cambio erosionan su poder adquisitivo
Más de 41,800 millones de dólares ingresaron a México en los primeros ocho meses del año por concepto de remesas, cifra que posiciona al país como el segundo mayor receptor mundial de estos flujos. Sin embargo, detrás de ese dato agregado se oculta una realidad más compleja: el poder adquisitivo real de esos recursos ha caído más del 20% en año y medio, según señalamientos del banco central mexicano en reuniones recientes de su Junta de Gobierno. El deterioro no proviene de una reducción en los montos enviados —el promedio por operación incluso subió 3%, hasta 412 dólares—, sino de la combinación de dos fuerzas que operan en sentido contrario al bienestar de los hogares receptores.
Por un lado, el tipo de cambio ha operado por debajo de 17 pesos por dólar en períodos recientes, lo que reduce mecánicamente la conversión de cada remesa en moneda local. En septiembre, el peso registró su mayor depreciación mensual desde 2024, con una caída del 6.32%. Por otro lado, la inflación general escaló del 3.1% al 3.42%, con componentes de servicios —vivienda, educación, restaurantes— que muestran rigidez a la baja. El resultado es una tenaza que comprime el consumo de los hogares dependientes de remesas: reciben menos pesos y esos pesos compran menos. Este mecanismo explica en parte por qué el consumo privado creció apenas 0.8% entre enero y junio, y por qué las familias han adoptado comportamientos de ahorro precautorio, postergando compras y restringiendo gasto discrecional.
Para estrategas corporativos e inversores con exposición al mercado interno mexicano, la señal es relevante: el canal de transmisión entre remesas y consumo —históricamente uno de los más directos en economías como la mexicana— está siendo interrumpido por variables macroeconómicas que ninguna política de inclusión financiera puede resolver en el corto plazo. El Banco de México revisó al alza su proyección de crecimiento para el año, del 1.1% al 1.5%, pero sus propios funcionarios advierten que la recuperación es desigual y que el mercado laboral muestra señales de fragilidad. En ese contexto, las empresas orientadas al consumo masivo en regiones de alta dependencia de remesas —como el occidente y el sureste del país— deberán recalibrar sus modelos de demanda para los próximos trimestres, considerando que el volumen de envíos no es un proxy confiable del poder de compra efectivo de sus clientes.


