Calidad del aire en zonas urbanas intermedias: señales de mejora y desafíos persistentes

Ciudades intermedias de Chile registran condiciones de calidad del aire dentro de rangos saludables, con concentraciones de material particulado fino (MP2.5) en torno a 6 µg/m³ y MP10 en 13 µg/m³, niveles que se ubican por debajo de los umbrales de riesgo establecidos por el Índice de Calidad del Aire referido a Partículas (ICAP). Este indicador, que clasifica la calidad atmosférica en cinco categorías —buena, regular, alerta, pre-emergencia y emergencia—, sitúa a estas localidades en el rango óptimo, lo que permite actividades al aire libre sin riesgos inmediatos para la salud de la población.

Sin embargo, el panorama nacional dista de ser homogéneo. En el sur del país, el uso intensivo de leña húmeda como fuente de calefacción sigue siendo el principal vector de contaminación atmosférica. La implementación de regulaciones en esta materia enfrenta resistencia cultural y logística en comunidades donde este combustible tiene arraigo histórico. A esto se suman condiciones geográficas y patrones atmosféricos vinculados al océano Pacífico que limitan la dispersión natural de contaminantes. En el norte y centro, las denominadas "zonas de sacrificio" —áreas con alta concentración industrial— continúan registrando episodios agudos de dióxido de azufre (SO₂), particularmente en localidades como Coronel y Talcahuano, a pesar de la reducción general de emisiones en las últimas dos décadas.

Para los estrategas de política pública y los directivos del sector privado con operaciones en Chile, estas disparidades representan tanto un riesgo reputacional como una oportunidad de inversión en tecnologías limpias. El marco regulatorio vigente ya contempla restricciones diferenciadas según el estado del aire: en condiciones favorables, se mantienen prohibiciones permanentes sobre calefactores a leña en zonas metropolitanas y controles de emisiones vehiculares para unidades sin certificación ambiental. La tendencia apunta hacia una mayor exigencia normativa, lo que anticipa presión creciente sobre industrias emisoras y abre espacio para soluciones de monitoreo ambiental, combustibles alternativos y movilidad de bajas emisiones en mercados regionales aún poco atendidos.