Señales de alerta en el endeudamiento de hogares que no se veían desde la crisis de 2008

Tres años de deterioro sostenido en la capacidad de pago de los hogares estadounidenses han encendido señales de alerta que no se activaban desde la crisis financiera global de 2008. La Reserva Federal documentó esta tendencia en su más reciente Encuesta de Finanzas del Consumidor, un análisis trienal que mide la salud financiera de la población con profundidad metodológica difícil de replicar en otros instrumentos estadísticos.

Los datos son contundentes: cerca del 20% de las familias reporta retrasos en sus pagos, la proporción más alta desde que comenzó este seguimiento en 2010, lo que representa un aumento del 67% respecto al ciclo anterior. El porcentaje de hogares con mora de dos meses o más pasó del 5% a más del 8%, mientras que la proporción de familias con ratios de pago de deuda superiores al 40% de sus ingresos alcanzó el 8.6%, el nivel más elevado desde 2013. Estos umbrales, en conjunto, configuran un patrón que los economistas asocian históricamente con períodos de contracción del consumo y mayor riesgo sistémico en el sector financiero.

Paralelamente, la distribución de la riqueza profundiza su asimetría estructural. El patrimonio neto mediano de los hogares de altos ingresos creció un 31%, mientras que el ingreso familiar promedio general cayó un 6%, aunque el ingreso mediano subió un 7%, lo que indica que las ganancias se concentran en los extremos superiores de la distribución. Los hogares de entre 35 y 44 años —franja etaria clave para el consumo y la inversión productiva— registraron una caída del 25% en sus ingresos, atribuida principalmente a la reducción de ganancias de capital. Para los estrategas corporativos y los equipos de riesgo en América Latina, estas señales merecen atención prioritaria: el debilitamiento del consumidor estadounidense tiene efectos de transmisión directos sobre las exportaciones regionales, las remesas y el apetito inversor de fondos con exposición a mercados emergentes. Anticipar este ciclo, más que reaccionar a él, será la diferencia entre posicionarse o quedar rezagado en la próxima fase del entorno macroeconómico global.